Tintín se apellida Corral: reseña de ‘El tesoro del cisne negro’, de Paco Roca y Guillermo Corral

Los cómics de aventuras han sido fieles compañeros de viaje desde la infancia. Guiado por el dibujo, recorría cada viñeta con mimo, incapaz de separarme de esas páginas que conseguían transportarme a otros mundos. Por ello, he querido ser agente de la T.I.A, he soñado con visitar la Galia y machacar romanos, me he lustrado las botas y ajustado el sombrero de vaquero para recorrer el salvaje oeste o, quizás por encima de todo ello, he querido ser Tintín. Entre el personaje de Hergé, al que llegué gracias a la extensa colección de mi tío, y yo siempre hubo una conexión especial. Quizás me lancé a estudiar periodismo porque en algún rincón remoto de mi mente aún vivía la idea de que ser periodista es vivir trepidantes aventuras por todo el mundo. Sin duda, aún hoy sigo soñando con ser Tintín, aunque esta vez no el original, el del autor belga. No, pues resulta que Tintín es español, y nos lo ha demostrado Paco Roca.

Que lo de las viñetas a Paco Roca (Valencia, 1969) se le da de maravilla lo sabemos ya todos. Tal y como explicaba mi compañero Ignacio Pillonetto en su reseña sobre la obra El Faro, también de Roca, el valenciano alcanzó el estrellato más mediático con Arrugas (Astiberri, 2007). Esta le valió el Premio Nacional del Cómic en 2008, pero lo cierto es que limitar su éxito a esta obra sería un tremendo error, porque si por algo destaca el ilustrador es por su prolífica carrera. Desde ‘El juego lúgubre’ hasta la edición ilustrada de ‘La Metamorfosis’ de Kafka o su trilogía del hombre en pijama. Son muchas y muy buenas obras, aunque parece empeñado en seguir sorprendiéndonos. Dada la trayectoria del dibujante, el diplomático Guillermo Corral le presentó una propuesta de guion sobre una historia que él mismo había vivido, pues ya podía imaginarse dicha historia convertida en viñetas. Quizás, por esa misma trayectoria, Corral no tuvo muchas esperanzas en un principio, pero lo cierto es que Roca no pudo resistirse y aceptó de pleno el proyecto. El resultado es ‘El tesoro del cisne negro’ (Astiberri), una magnífica obra con tintes tintinescos que traslada al lector del 2007 al siglo XIX en una aventura trepidante.

Si por algo destaca El tesoro del cisne negro es que tiene esa capacidad magnética que te impide soltarla hasta el final. Muchas veces se exagera la expresión “me la leí del tirón”, pero en este caso fue literalmente así. En primer lugar, porque está basada en hechos reales: la recuperación por parte del Gobierno de España de un valiosísimo tesoro que había usurpado una empresa cazatesoros estadounidense. ¿Recuerdan esos titulares que hablaban de pleitos varios contra la empresa Odyssey Marine Exploration? Pues El tesoro del cisne negro nos mete dentro de esa historia, y de qué manera. El ritmo está perfectamente calculado para embelesar a un lector que vivirá desde persecuciones a reuniones de alto voltaje en los despachos del poder. Los hechos comienzan en 2007, cuando una empresa, en el cómic denominada Ithaca, se lleva a Florida 600.000 monedas de oro de un pecio español hundido en algún punto del Atlántico, cerca de las cosas españolas. Con la sospecha de que ese tesoro pertenecía a España, se produce un proceso de investigación que permite confirmarlo para, actos seguido, reclamarlo. La justicia de EEUU le dio la razón a España, pero oscuros intereses aún quisieron torpedear la vuelta de las monedas.

Por aquel entonces, Guillermo Corral era agregado cultural en Washington, y vivió todo aquello de primera mano. Los constantes viajes, el minucioso trabajo de investigación, las reuniones en despachos con CNI, militares y políticos en la mesa… Ingredientes dignos de cualquier película Hollywood pero absolutamente reales. El gran mérito de ‘El tesoro del cisne negro’ es precisamente eso, que es real y cuenta los acontecimientos tal y como fueron, sin dosis extra de romanticismo aventurero que no necesita. Cabe destacar, además, que estamos hablando de un cómic, en el que el componente visual es capital, y el riesgo con tanto despacho y tanto juicio era evidente. Pero ahí es donde entra el talento de Roca, que acompaña a la perfección el guion de Corral para darle vida e impedir que pierda ritmo en ningún momento. El resultado es más que sobresaliente, una obra recomendable para todo tipo de paladares, ideal para regalar a aquellos que no sean tan aficionados al cómic. 

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