Un retrato global de la estupidez y vileza humana: reseña de ‘La guerra de las salamandras’, de Karel Čapek

El tipo de literatura que produce cada generación viene marcado por sus circunstancias. Lo explicaba Álex Vicente en un artículo reciente en el diario El Páis: Los últimos días de la clase obreracon un subtítulo esclarecedor: “Los hijos de la crisis dan un nuevo impulso a la literatura social. Los paisajes de minas y fábricas cerradas protagonizan novelas y ensayos que narran la desesperanza de los trabajadores”. Cabe destacar, eso sí, que la desesperanza de la clase trabajadora ha sido un reflejo constante de la sociedad. Podemos encontrar otros ejemplos pasados, como la corriente filosófica del existencialismo que, si bien tiene sus antecedentes en autores como Nietzsche o Kierkegaard, el término lo fijó Jean-Paul Sartre. Fue una corriente muy poco academizada, dispersa, pero en lo que sí se coincide es en que surgió fruto del pesimismo provocado por las guerras mundiales. 

Otro buen ejemplo lo encontramos de nuevo en la actualidad, y es el auge de la no-ficción centrada en la nutrición o el medio ambiente. No podemos olvidarnos, tampoco, de uno de nuestros géneros favoritos: la ciencia-ficción, que surge debido al interés por el futuro que alimentaron los avances científicos de principios del siglo XX. Obviamente hay ejemplos previos, y los orígenes de géneros o corrientes no se pueden establecer en un día u hora concreto, pero de lo que no cabe duda es de que las estanterías de las librerías son un espejo de la sociedad. Por supuesto, y aunque aquí hablemos solo de libros, este reflejo también lo encontramos en otras disciplinas artísticas.

Los años 30 fueron tiempos convulsos, un periodo de entreguerras que sirvió de marco para la publicación de la considerada por muchos como la gran distopía de la ciencia ficción: Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Motivos para anticipar un desastre le sobraban a Huxley. Los años 30 son los años del ascenso de Hitler al poder o de la fatídica Guerra Civil española que sirvió de antesala a la II Guerra Mundial. Tras esta, para completar la considerada santa trinidad de las distopías, se publicaron 1984, de George Orwell (en 1948); y Farenheit 451, de Ray Bradbury (1953). Ahora bien, en este repaso canónico nos hemos dejado por el camino una obra maestra que, creo, no ha recibido todo el reconocimiento que merece: La guerra de las salamandras, de Karel Čapek, publicada nada menos que en 1936.

Karel Čapek nació en 1890 en lo que hoy es la República Checa, y por aquel entonces el Imperio austrohúngaro. Sin duda, es uno de los escritores en lengua checa más importantes del siglo, y a él se le atribuye la creación de la palabra robot, cuya primera aparición la encontramos en su obra Robot Universales Rossum (1920). Su interés por el progreso le convierten en un célebre autor de ciencia ficción, pero su finísima ironía lo aúpan a su vez como un perfecto retratista y crítico de los tiempos y los males que le tocó vivir. Este particular estilo lo encontramos concentrado en la magnífica La guerra de las salamandras.

Quizás para muchos desconocida, lo cierto es que diré, antes de nada, que adentrarse en las páginas de esta obra es una experiencia maravillosa. Nada de lo que se pueda pensar previo a su lectura hace justicia a la novela de Čapek. Ni quien asuma que su argumento parezca simple, ni quien considere que es otra novela más de ciencia ficción dura para un público nicho. Léanla y verán. Por lo pronto, vamos a resumir brevemente el argumento. ¿De qué va La guerra de las salamandras? Todo comienza con el cenizo y gruñón capitán Van Toch, marino habilidoso al que se le encarga ir en busca de perlas en una serie de islas remotas. Para sorpresa del capitán, llegado un momento no solo encontrará perlas, sino también a unas habilidosas criaturas con forma de salamandra a las que será capaz de amaestrar para bien de su negocio.

No obstante, estas salamandras resultarán ser bastante más inteligentes y capaces de lo que aparentan, y a partir del descubrimiento del capitán Van Toch, el adiestramiento, la cría y explotación de estos seres supondrá el más grande paso hacia el progreso que la humanidad jamás haya imaginado. Todos los países las quieren adquirir para su beneficio, con todo lo que ello implica. Čapek factura una brillante crónica novelada que nos narra desde la creación de la empresa comercial de Van Toch hasta la absoluta asimilación de las salamandras en la sociedad mundial. Una asimilación que cubre todos los aspectos imaginables, desde su impacto en la comunidad científica hasta otros territorios como el Derecho Internacional, el comercio o incluso la educación.

Hay quien asegura que la novela es una crítica al nazismo, pero creo que eso supone reducir demasiado el valor de la obra. La guerra de las salamandras es una crítica absoluta al capitalismo y, con ello, a todos los males que este genera, como el colonialismo, el racismo, la esclavitud y un largo etcétera. La obra es tan sutil y tan fina en su ironía que se convierte al final en un basto retrato de la estupidez y la vileza humana. Este retrato se divide en dos partes, una primera centrada en el descubrimiento de Van Toch y la creación de su sociedad comercial; y una segunda en la que se analiza como si de una crónica histórica se tratase, el cada vez mayor impacto de las salamandras en la sociedad mundial. 

Desde las discusiones de la comunidad científica hasta la creación de sectas, manifestaciones en favor del matrimonio con salamandras o su regulación como fuerza de trabajo. Un sinfín de situaciones que el autor adereza con unas notas a pie de páginas que narra como si estuviésemos leyendo recortes de periódicos o ejemplos de manifiestos de la época, exponiéndonos a la realidad de estas criaturas y dotando de una gran verosimilitud al relato. No es una novela para todos los gustos, y sí que es cierto que el lector acostumbrado a la ciencia-ficción más dura le será más fácil acostumbrarse a su ritmo irregular y sus extensas descripciones.

Ahora bien, el lector que no pertenezca a este tipo pero sepa superar esa barrera podrá sacarle todo el jugo. Hay desequilibrio entre las partes, y personalmente he disfrutado más de la segunda, especialmente por cómo amplía el foco y nos sitúa en un escenario global. Eso sí, cómo narra la manera en que el ser humano, página a página, con su estupidez y su vileza, es capaz de traer su autodestrucción… Son pocos los escritores capaces, y Čapek es uno de ellos.

Comments

  1. Una excelente opción de lectura.

  2. Gracias por darme a conocer otra joyita literaria.

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