Territorio inexplorado

Cuando se abre un libro entras en un territorio inexplorado. Un nuevo mundo que, además, está regido por su creador. Y es que el escritor es quien pone las reglas y hace del lector su huésped. Están los que te llevan de la mano, enseñándote cada rincón; también los que te dejan a su libre albedrío. Pero un buen escritor es el que sabe llevarte a su terreno, a donde él quiere que vayas.

Todo ello me lo planteo cuando empiezo una nueva novela. Puede sonar banal o demasiado sencillo, pero son premisas que deben estar presentes para que me guste un libro. Es algo que se ha repetido a lo largo de mis años de lector. Por eso cuando abrí El arte de la defensa, de Chad Harbach, lo hice con recelo. Había ciertas características de esa historia que me echaban para atrás. Por un lado se trata de una novela que gira en torno al béisbol. No dudo de las bondades de este deporte, pero como occidental que soy no suelo disfrutarlo con asiduidad. Por otro, es una novela sobre el mundo estudiantil universitario de EEUU, lo que me hizo pensar en que, quizás, tenía un enfoque demasiado juvenil y un estilo “facilón”.

Portada de 'El arte de la defensa', de Chad Harbach (Salamandra, 2014)

Portada de ‘El arte de la defensa’, de Chad Harbach (Salamandra, 2014)

Prejuicios, diréis algunos. Y estáis en lo cierto. No son más que prejuicios pero ahí están otra vez los escritores para llevarte a su terreno y sorprenderte, tal y como hizo Chad Harbach. El arte de la defensa (The art of fielding, en su título original) es una novela sobre béisbol, sí. También sobre el ambiente de un campus universitario americano, sí. Pero es mucho más. La novela cuenta la historia de Henry Skrimshander, un joven jugador que llega a una modesta universidad para tratar de mejorar la situación del equipo, Los Arponeros del Westish College. Allí, además de conocer un nuevo mundo hasta entonces desconocido, comienza a destacar enseguida en la posición de parador en corto, clave para la estrategia defensiva, lo que atraerá a los ojeadores de las grandes ligas.

Así arranca una historia que rápidamente comienza a complicarse, a ganar en complejidad y, sobre todo, en matices. Porque Harbach retrata a la sociedad americana de una manera especial, mostrando una comunidad diferente que no había visto en otros libros. Sin prejuicios, sin la terquedad y tabúes de antaño, abierta al siglo XXI con la que el autor parece decir: “¡Eh, ahora somos así! (o eso deseo)”. Algo que se refuerza con la retahíla de intrahistorias que se entrecruzan y que el autor sabe hilvanar, protagonizada por personajes que se dan de bruces con su propia vida.  Tiene un aire a Franzen y, aunque no llega al nivel de mi idolatrado Philip Roth, El arte de la defensa es una novela recomendada. Quien sabe, igual ahora hasta me animo a ver un partido de béisbol.

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Comments

  1. Pues te agradezco este comentario porque tengo que confesar que en su momento descarté este libro por los mismos prejuicios que tu mencionas. Yo es que oigo “beisbol” y miro a otro lado…

    Gracias y un saludo!

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