Una receta mexicana para el realismo mágico

  • Ingredientes para escuchar el programa de Como agua para chocolate en La Milana Bonita: una taza de Víctor Gutierrez, media ración de Samuel Regueira, un puñado de Edu Martín, dos rodajas de Sergio Pascual, una pizca de Ignacio Pillonetto y cinco micrófonos.
  • Tiempo de cocción: varios días.
  • Degustación: una hora (y pico).
  • Indispensable: el libro Como agua para chocolate de Laura Esquivel.
  • Advertencia: este programa causa adicción.

El realismo mágico es tan voluble como el escritor lo pretenda. Para demostrarlo el equipo de La Milana Bonita regresa al sendero de la literatura latinoamericana, origen y auge de este género metalingüístico (con obras tan emblemáticas como Cien años de soledad o La casa de los espíritus), con Como agua para chocolate de Laura Esquivel, nacida en México un 30 de septiembre de 1950. Una obra que no tardó mucho tiempo en convertirse en best seller, y que ya ha sido traducido a más de 30 idiomas.

La escritora nos cuenta la historia de Tita, la hija menor de una familia conservadora, donde prevalece una fuerte tradición matriarcal que le impide separarse de su madre, y por consiguiente renunciar al amor que siente por el joven Pedro Muzquiz, el eje central de la trama. Aunque tampoco faltan las infidelidades, un toque de humor y muchas recetas de cocina que acompañan al lector capitulo a capitulo. El melodrama está ambientado en los años de la Revolución mexicana, entre un laboratorio gastronómico y un ambiente opresivo que recuerda, en parte, a La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca.

El realismo mágico tiene tantos rostros como el escritor quiera que tenga, y en Como agua para chocolate, Laura Esquivel nos propone uno basado en el amor por el arte culinario y en el que las recetas valen como un instrumento para la transmisión de los sentimientos. Realidad y fantasía se conjuran en una novela amena, breve y llena de interpretaciones. La lectura está servida.

Las ondas milanescas vuelven este domingo para charlar, aprender (en la medida justa), pero sobre todo para continuar con el fomento de la lectura.

¡La revolución ha comenzado!

Texto de Ignacio Pillonetto
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Comments

  1. ¡Lo voy a decir! Se pueden creer que me gustó más la película que la novela.

  2. No creo, aunque Lucy Cavazos es guapa, mi Tita, la de mi imaginación, es superior y más norteña.

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