El ojo, de Vladimir Nabokov

El mundo de los espías tiene algo muy especial. Ahora bien, es complicado decidir qué es. Puede que sea su espíritu voyeurista, quizás sea su alocada forma de vida o puede que, simplemente, estemos impregnados por las numerosas películas de acción trepidante con final feliz. No sé. Algo de eso habrá, sin embargo, creo que gran parte del éxito de la ficción (novelas, cine o series) centrada en el espionaje reside en que en ese mundo la realidad y la imaginación se separan por una difuminada frontera. Vladimir Nabokov lo sabía y en El ojo, la novela que esta semana analiza La Milana Bonita, juega con el lector al “¿Quién es quién?”.

http://www.ivoox.com/ojo-vladimir-nabokov_md_1665995_1.mp3″ Ir a descargar
El ojo es un texto producto de su siglo. Nabokov combina el fondo y la forma para conseguir introducir al lector en un juego de espejos donde se hace prácticamente imposible asegurar nada. Desde el principio del escrito, cuando el protagonista se pega un tiro, comienzan las dudas (¿suicidio frustrado o ensoñaciones de un muerto?). Luego todos son preguntas. Por un lado, sobre quién nos habla ya que la voz, que en un principio era una primera persona, se aleja y se acerca sin seguir ningún tipo de convención. Por otro lado, está Smúrov, un hombre que se finge a sí mismo y que trata de encontrarse en las impresiones que los demás tienen sobre él. Smúrov es un espía de su propia persona.

Ilustración de Matías Noel

Ilustración de Matías Noel

En este escondite literario, La Milana Bonita ha participado sin rechistar. Al principio del programa, nos preparamos contamos hasta cien y comenzamos la búsqueda entre las páginas. En la Piedra Rosetta escuchamos algunos ruidos extraños, en la Pluma creímos observar una sombra que se movía. Cuando llegamos a Orfebrería con palabras pensamos que estábamos cerca de nuestro objetivo, pero nada más lejos de la realidad. Buscamos en libros amigos, en la música, en el cine, en la historia e, incluso, en los cómica rusos, pero nada. Llegamos al final del programa sin haber encontrado a nuestro oponente y, lo que es peor, sin poder asegurar nada. Bueno, una cosa sí, que nos lo pasamos muy bien.
¡La revolución ha comenzado!

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