Tragedias a la española

Asesinatos, abortos, contrabandistas, suicidios, putas, putos, pordioseros, líos de Palacio… La narrativa de Montero Glez escarba en la rapiña mundana, en los recovecos de aquellos que arriba o abajo -más de chándal que de seda fina-, perpetúan sus vidas pisando a quien se ponga por delante. Polvo en los labios recoge doce relatos como doce estampas de la jungla urbana en los que unos devoran a otros y otros yerran en el intento.

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Quienes conozcan a Montero Glez por obras como Sed de champán (su ópera prima) o la vibrante Pólvora negra, sabrán que la pluma de este madrileño residente en Tarifa destila aroma de taberna española. De esas en las que te topas con petimetres de navaja fácil y mirada aviesa; tan chulos que terminan por llevarse a la mujer deseada del antro, por muy puta que esta sea. Personajes como ese Joselito que encontramos en el relato Barrio de las Injurias enmarcan a Montero en la tradición española de la literatura de tragedias. Un tipo de tragedia descarnada, sucia, despojada de la comedia. Es decir, aunque haya historias delirantes como El último sacramento, la tragicomedia no es cosa de Montero Glez. Está la España cañí de Valle-Inclán, los insignificantes personajes gigantescos de Clarín o los pícaros truhanes de Rafael Azcona. Pero la prosa de Montero no se une a la de autores contemporáneos que como Manuel Longares cultivan el arte del sainete.

Muchos le comparan con Bukowski por sus descripciones descarnadas, como en el relato que da título al libro. Polvo en los labios cuenta los últimos días de vida del afamado y decrépito trompetista de jazz Chet Baker. Drogas, una habitación de hotel, soledad… El sexo lo deja para otra celebridad; Greta Garbo y su sexualidad se dan cita en el Secreto de la Garbo.

Con este conjunto de pequeñas historias, el lector avezado en la sordidez descarada de Montero Glez disfrutará en reducidas dosis del talento de este para confesar a la cara, sin rejilla de separación, los pecados de la vida. Aprenderá por qué los cuartos oscuros son tan oscuros. A desconfiar. A que ir con retraso salva vidas. A no secuestrar perros. A no palmar traseros desconocidos en el transporte público… A ver lo perra que para algunos es la vida.

Eduardo R. Salgado

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