La novela con cuatro lecturas

Hay novelas que tienen una sola lectura, otras que tienen dos, quizás alguna que tenga tres, pero hay muy pocas con cuatro. El nombre de la rosa mezcla elementos tan dispares como asesinatos, religión, sexo y monjes, mediante una estructuración similar a la de una cebolla. En la primera capa (la más superficial), el lector puede encontrarse con una historia policíaca con todos sus ingredientes; ahora bien, si se tiene ganas y se sigue pelando, las sorpresas son variadas. Todo este extraño aliño genera uno de esos raros ejemplos en los que el público y la crítica erudita se han puesto de acuerdo para elogiar a su autor: Umberto Eco.

El nombre de la rosa

Umberto Eco

Traducción Richard Pochtar

Editorial Lumen (1980)

800 página, 22 €

Primera lectura: los crímenes

Si no se pierde la perspectiva, El nombre de la rosa es una novela policíaca o, por lo menos, tiene todos los elementos para ser catalogada como tal. La historia comienza con un crimen en una abadía benedictina. Ante la cercanía de un gran acontecimiento señalado el calendario de los monjes, el abad se ve obligado a tomar medidas rápidas para  dar con el culpable. Por esta razón, llama a Guillermo de Baskerville, quien llega al lugar acompañado del novicio Adso de Melk.

Con esta simple introducción, el lector atento se encuentra con toda una larga serie de intenciones innovadoras y muy interesantes, aunque dos se pueden destacar. La primera es el cambio de ambiente radical en comparación con otras novelas del género. Ni trenes, ni ciudades norteamericanas bajo una intensa niebla. En este libro el crimen, el mal, está emplazada en la “casa del señor” y uno de sus discípulos es el asesino. La segunda es el homenaje encubierto al gran morador del número 221 de la Baker Street de Londres, es decir, a Sherlock Holmes y a una de sus aventuras más celebres: El sabueso de los Baskerville. Ahora bien, si por algo se caracterizaba este detective inglés era por el empleo de la razón y la lógica por encima de todo. ¿Quién ganará entonces: la inteligencia o la fe?

Segunda lectura: la histórica

Un argumento secundario de la novela (si se considera primario el policíaco) es el que muestra toda la vida de un monasterio a comienzo del siglo XIV. Sin lugar a dudas el relato es sumamente atractivo, y el lector muchas veces tiene la sensación de caminar por su fabulosa biblioteca o de oler la podredumbre de las letrinas. Umberto Eco, en sus Apostillas a El nombre de la rosa, trivializa el contexto histórico de la novela: “Empecé impulsado por una idea seminal. Tenía ganas de envenenar a un monje”. Sin embargo, aunque estas palabras puedan ser más o menos verdaderas, lo que está claro es que el escritor posee un vasto conocimiento de la época, por lo que realiza un retrato fabuloso y realista de sus costumbres y filosofía.

Tercera lectura: la filosófica

La tercera capa de la cebolla es aquella en la que se concentran todas las lágrimas: la filosófica. En la novela se reflejan dos maneras de entender la vida y de entender al ser humano. Frente a la jerárquica interpretación del mundo que se había dado durante los siglos del medievo, Eco propone una ruptura interesante mediante el método inductivo que utiliza el protagonista, Guillermo de Baskerville, y que no es más que una aplicación de la navaja de Ockham. El viejo ciego construye su autoridad mediante revelaciones, Guillermo a través de argumentos lógicos.

La cuarta lectura: la teórica

Por último, si el lector tiene ganas tampoco debe obviar la interesante perspectiva que plantea el escritor en torno a la semiótica y a la interpretación del texto. Porque en esta crítica se han planteado cuatro lecturas posibles, pero no se puede olvidar que en el fondo hay tantas como lectores tomen el libro entre sus manos. Eso sí, siempre que alguien acceda por las puertas de esta abadía es recomendable que tenga en mente que nada es lo que parece. “No es casual que el libro comience como si fuese una novela policíaca (y siga engañando al lector ingenuo hasta el final, y hasta es posible que el lector ingenuo no se dé cuenta de que se trata de una novela policíaca donde se descubre bastante poco y donde el detective es derrotado)”, explicó Eco en sus Apostillas. Aunque claro, esta no es más que otra interpretación posible de la obra.

PD. En La Milana Bonita ya hemos reseñado este libro, pero años después de hablar de él ante los micrófonos lo volví a degustar y descubrí multitud de aspectos nuevos. Aún no sé de qué disfruté más, si de la primera impresión o de la relectura. Por esta razón, aun con riesgo de ser redundante, hago esta reseña. Para animar a los “escuchantes” a volver a detenerse en una de las mejores novelas del siglo XX.

Víctor Gutiérrez Sanz

El nombre de la rosa de Umberto Eco

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