‘El libro de arena’, de Jorge Luis Borges

En el ocaso de su vida, Borges publica El libro de arena, un cuento que también da título al libro que rejunta otros tantos cuentos del maravilloso escritor argentino. Entre ellos, también se encuentra Utopía de un hombre que está cansado, del que ya hemos escrito.

Hay cuentos, novelas, personajes, descripciones, renglones que pueden resultar tan familiares que, casi sin quererlo, reconocemos al instante la mano que los escribe. Algo parecido ocurre con El libro de arena, un cuento que tiene que ser obra de la pluma de Borges, no puede ser de otro. Un cuento, dos personajes, un objeto mágico y antiquísimo que fascina y enloquece por igual. Esa es la introducción, nudo y desenlace de un cuento que se lee en cinco minutos, pero que consigue transportarnos al universo borgiano, porque en El libro de arena le reconocemos, a él y a su universo.

El libro de arena se puede entender como un homenaje al amor de Borges por la literatura, los libros, las bibliotecas y el infinito mismo, ese que solo puede proponer un libro cuando abrimos una de sus páginas. El libro de arena va sobre un libro infinito, incomprensible, mágico y terrenal.

¿Qué cuenta?

Todo empieza cuando un desconocido golpea la puerta de Borges y le ofrece el misterioso libro. El libro es único, no hay otro igual. En el libro de arena nunca se repiten sus páginas, porque el contenido muta, cambia a cada instante. Tal objeto obsesiona a Borges hasta el punto de considerarlo un peligro para la humanidad y entonces debe decidir qué hacer con él.

La biblioteca de Babel ya nos planteaba el concepto de lo infinito, una de las pasiones del escritor argentino, que caía en una biblioteca donde el espacio parecía no tener fin. La biblioteca se convertía en el deseo de cualquier lector, un espacio donde el tiempo no importaba, porque solo era importante la posibilidad de leerlo todo para iniciar un nuevo viaje. Esa es la esencia de cualquier libro, la puerta de entrada a un nuevo universo. ¿Y la puerta de salida? No nos importa en absoluto. El libro de arena comparte ese mismo concepto, la posibilidad infinita de la lectura y Borges, sorprendentemente, se aterra ante tal posibilidad. ¿Seríamos capaces de desprender la mirada de semejante libro? ¿Perderíamos el sentido de la vida por el placer del viaje al que se ve imbuido cada lector? Preguntas…

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