Viajamos con Mark Twain y su yanqui a la corte del Rey Arturo

Los viajes en el tiempo, conocer el pasado y descubrir el futuro, son un oscuro objeto de deseo. ¿Quién no ha deseado encontrarse una de esas cajas enterradas con objetos de años atrás? O mejor aún, enterrar tus propios presentes para los habitantes del futuro… Nos gusta, en cualquier caso, alterar la línea temporal que las leyes de la física nos marca. ¿De qué son fruto grandes novelas como La máquina del tiempo, de HG Wells; o películas como Regreso al futuro (1985)? De nuestro inherente deseo de controlar el pasado y el futuro. Sí, el ser humano tiende a querer controlarlo todo, y lo que no puede controlar le aterra y fascina por igual. En eso se basa el miedo… Pero este es otro tema.

Mark Twain

Mark Twain

Sobre el viejo deseo han reflexionado infinidad de autores, y uno de ellos es uno de lo más importantes escritores norteamericanos, si no el que más. ¿De quién hablo? De Samuel Langhorne Clemens, por supuesto, más conocido por su seudónimo Mark Twain. Sí, será la primera vez en estos cinco maravillosos años de La Milana Bonita (se acerca nuestro cumpleaños) que analizaremos este clásico de la Literatura. Es lo bueno de que nos apasione el arte de las letras, que la retahíla de autores por analizar es prácticamente infinita. La novela que pasará por nuestra redacción no es otra que Un yanki en la corte del Rey Arturo.

Publicada en 1889, narra las peripecias de Hank, natural de Connecticut, EEUU, que, tras un fuerte golpe en la cabeza, se despierta en una desconocida pradera asediado por un extraño viandante. ¿Cota de malla, armadura, ser su prisionero? Sí, Hank ha viajado 1300 años atrás en el tiempo, dejando atrás su ya entrado siglo XIX por el peligroso y caballeresco siglo VI inglés. Además, para mayores problemas, ha sido hecho prisionero y la horca le está esperando. Pero 1300 años de historia de la humanidad deben servir para algo, por lo que tirará de ingenio para tratar de salir ileso del embrollo, por llamarlo de alguna forma.

Portada original de la edición de 1889

Portada original de la edición de 1889

Esta satírica novela del prolífico escritor estadounidense juega con el eterno anhelo de viajar al pasado. Pero la obra es mucho más que eso. De hecho, en opinión de algunos en la redacción de La Milana, no es más que un artificio bien usado que permite al autor contraponer ideas político-religiosas y sociales. ¿Acaso el principal objetivo de Twain era ridiculizar las maneras inglesas en contraposición a los prácticamente recién independizados (100 años en la Historia es prácticamente un rutinario y actual milisegundo) Estados Unidos? Sobre esta y otras cuestiones versará el programa al que, como cada semana, estáis más que invitados.

¡Y atentos, porque no faltarán las sorpresas!

La revolución ha comenzado…

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