Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo, de Irvine Welsh

Lo confieso: no me gustó Trainspotting. Estilísticamente me parecía un libro forzado hacia el absurdo y, aunque entrevía que es lo que podía maravillar a tanta gente, a mí se me atragantó como una sucesión de estereotipos en torno a la drogodependencia. Me parece una historia relativamente simple envuelta en papel de lija para que cuando el lector pasara sus dedos por sus páginas estos se queden en carne viva. ¡Y es que me cago en la puta, por muchos tacos y jodiendas que se digan el mensaje no es más contundente! ¿O sí?

Trainspotting de Irvine Welsh

A veces, cuando los estudios, el trabajo o este programa de radio te imponen un ritmo e itinerario de lecturas, puede ocurrir que un determinado libro aparezca de forma casual en el momento idóneo de nuestras vidas. Estas historias se abren como un fogonazo de luz y clarifican todos esos rincones oscuros de nuestras almas. Otras veces, ocurre lo contrario. La imposibilidad de seleccionar qué se quiere leer en cualquier momento puede provocar que se crucen por nuestro camino en un momento equivocado de nuestras vidas libros indigestos y pesados como lo podría ser un cocido para cenar. Nadie dice que el cocido sea una mala comida (¡ni mucho menos!). Ahora bien, meterse uno entre pecho y espalda una calurosa noche de verano quizás no sea lo más apetecible.

Algo parecido me pasó a mí con la novela más conocida del escocés Irvine Welsh (Edimburgo, 1958). Sabía que Trainspotting era una narración que encerraba varios guetos de buena literatura entre sus páginas, pero me fue imposible entrar en ellos. Es decir, yo no digo que sea una mala novela, solo digo que no me gustó (pocas veces me he atrevido a argumentar que un texto es de baja calidad). Así y todo, me sentía que estaba en deuda con este autor y en cierto modo era bastante consciente de que había sido parcialmente injusto cuando grabamos aquel programa en el que lo analizábamos. Pasaron los años y traté de olvidarlo, pero los errores nos persiguen. Hace poco leí un interesante artículo sobre la precuela de Trainspotting que acaba de publicar Welsh titulada Skagboys y me dije: “Ya es hora de redimirse”.

si-te-gusto-la-escuela-te-encantara-el-trabajo-9788433973689Así pues, saqué del estante la colección de cuentos Si te gustó la escuela, te encantará el trabajo (un libro que me regaló hace un año el genial Ignacio Pillonetto) y comencé a devorarlo. La verdad es que el título y la imagen de portada me llevaban pidiendo a gritos que lo leyera varios meses, pero yo me negaba aferrado a mis prejuicios. Finalmente, cedí y entré sin remedio en una especie de trance místico-literario de reconversión. Ahora sí que soy creyente de ese genial escocés.

Si te gustó la escuela… es la tercera compilación de relatos de Welsh y para muchos supuso un gigantesco paso de madurez literaria. Tras la publicación de los compendios de relatos Acid House (1994) y Éxtasis (1996) y de varias novelas con un éxito relativo, en gran medida, consecuencia de la fama que le procuró Trainspotting (1993), el escritor escocés publicó las soberbias narraciones que componen Si te gustó la escuela… En ellas se reproducen los mismos hilos temáticos de siempre (sexo, drogas, música y personajes fracasados), pero sin las pretensiones estilísticas de libros anteriores.

En este libro no es el escritor quien pretende dar una patada en la boca del estómago del lector, sino que cede el protagonismo a las historias y a los personajes que se ven atrapados en una realidad absurda que les consume por dentro. El estilo vuelve a estar cerca del realismo sucio, pero no cae en la escatología facilona para mover al lector, sino que busca la sutileza (no siempre apreciada) de otros narradores como Henry Miller o Bukowski.   

Welsh reúne cinco narraciones sin un aparente punto común que las hilvane. Son historias fragmentarias que generalmente recogen una situación límite pero que podría ser vivida por cualquier persona. Una vez puestos los personajes en este punto de inflexión, se les obliga a tomar una serie de decisiones delante de los lectores voyeuristas, quienes estupefactos, leen lo despreciables que pueden ser los seres humanos, es decir, lo despreciables que podrían ser ellos llegado el momento.

Seguramente, habrá mucha gente que al comenzar con este libro se sientan asqueados por ciertas imágenes (es especialmente fuerte, la de la felación “sangrienta” que se narra en el relato “Serpientes de cascabel”). No les culparía si dejaran el libro apartado, porque, como he dicho anteriormente a este autor hay que encontrárselo en un momento muy concreto de nuestras vidas. Solo entonces, sin prejuicios, se puede sufrir con la empatía que provocan sus patéticos personajes. Por esta razón, puedo afirmar que no me gustó Trainspotting (aunque quiero volver a leerla), no me gustó la escuela y trato de que me paguen por hacer lo que me gusta en mi trabajo.

¡La revolución ha comenzado!

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Comments

  1. Caí en esta página buscando información de este libro que me compré el otro día. En realidad quería leer Trainspotting, pero como no lo tenían elegí éste.
    El libro todavía no lo leí, así que no puedo dar opinión. Dejo este comentario porque me encantó tu narrativa, hiciste muy amena la lectura de la crítica y sin sonar para nada pretencioso. Te felicito! Me gustaría seguir leyendo tus opiniones.

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