#DebateMilana: ¿Siguen teniendo valor los intermediarios en el sector editorial?

El historiador romano Tito Livio describió la Biblioteca de Alejandría como el mayor logro humano alcanzado por la civilización. Durante muchos siglos, la faraónica construcción fue el centro del saber y del progreso occidental. Sus estantes llegaron a albergar más de 900.000 manuscritos y su incendio, datado en el siglo III aproximadamente, ha sido catalogado como uno de los grandes desastres de la historia de la humanidad. Dos mil años después de que Ptolomeo I impulsara la compilación ordenada de libros en aquella ciudad griega, la Ilustración llegó a Europa y desarrolló, entre otras cosas, la creación de bibliotecas públicas abiertas a todo los ciudadanos. Su utilidad desde entonces ha sido incuestionable y en ellas se ha fundamentado el estado moderno, racional y empírico. Por un lado, dan un servicio esencial a la ciudadanía mediante el prestamo gratuito de ejemplares; por otro lado, garantizan la conservación de todo tipo de obras.

Incendio de Alejandría por Hermann Goll. Fuente: Wikipedia

Incendio de Alejandría por Hermann Goll. Fuente: Wikipedia

El desarrollo en los últimos años de Internet y de los productos digitales ha configurado un nuevo panorama comunicacional, en el que el acceso a la información se puede hacer sin necesidad de seguir los circuitos comerciales tradicionales. El esquema de distribución del libro clásico posee cuatro actores fundamentales: autores, editoriales, distribuidores y consumidores. En el nuevo paradigma comercial, las librerías y bibliotecas constituyen un paso intermedio que puede desaparecer porque existe la posibilidad fáctica de realizar un contacto directo entre productores y compradores.

Uno de los mayores problemas que han surgido a raíz del desarrollo de Internet ha sido lo que Alvin Toffler definió como “sobrecarga informativa”. La generación de contenidos, antes monopolizada por las grandes empresas de comunicación, se ha democratizado y, como consecuencia, se ha otorgado a cualquier ciudadano la posibilidad de crear informaciones públicas, sin tener que pasar previamente por los filtros tradicionales que imponían medios de comunicación, editoriales o instituciones. Por ende, Internet se ha convertido un inmenso contenedor de contenidos en el que conviven entrelazados clásicos de la literatura universal, novelas de autores contemporáneos consagrados, textos de autores noveles en proyección, malas traducciones, buenas traducciones, críticas profesionales y críticas completamente intencionadas.

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En mercado se ha globalizado y la cantidad de productos ofertados es colosal. El consumidor digital posee un vasto catálogo donde elegir pero pocas referencias creíbles que seguir, lo que provoca que el proceso de búsqueda sea muy complejo. Con la eliminación en la cadena comercial de intermediarios como librerías o bibliotecas, han desaparecido una serie de filtros expertos que garantizaban la conservación de las obras y la selección de aquellas valiosas para la sociedad. Gracias a la labor diaria de las bibliotecas, se salvaguardan algunos contenidos ante la efímera virtualidad de lo digital. Gracias a la labor de las librerías, se difunden obras minoritarias que no pueden competir ni en recursos publicitarios, ni en mercadotecnia, contra las grandes cadenas de producción de superventas.

Los intermediarios de la cadena de comercialización y distribución del libro han aportado, desde la creación de la Biblioteca de Alejandría, unos valores adicionales al sector. Las leyes de la oferta y la demanda del mercado que rigen los mercados privados determinarán si el desarrollo del libro electrónico supone a largo plazo la desaparición de las librerías. No obstante, sería un grave error regir mediante los valores liberales de rentabilidad económica las bibliotecas públicas porque poseen un valor social imposible de cuantificar.

Que comience el debate…

¿Qué opináis sobre el valor de los intermediarios? ¿Conocéis propuestas que permitan una transición lógica entre las bibliotecas tradicionales y las bibliotecas 2.0? ¿Se debería apoyar con dinero público a los libreros? ¿Se debe bajar el precio del IVA de los libros electrónicos y equipararlo con el de los libros de papel? Del debate surge el conocimiento. ¡Esperamos vuestras aportaciones!

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