Lucky Luke, 70 años de amor por el lejano oeste

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Dicen que es más rápido que su propia sombra, capaz de desenfundar el revolver y disparar sin que el ojo humano lo perciba. Si parpadean se lo pueden perder y no, no estoy hablando de Fernando Alonso ni de la Fórmula 1. Hablo del genial Lucky Luke, el cowboy más divertido del cómic europeo, sin olvidarme, no vaya a ser que se enfade, de su fiel corcel Jolly Jumper. La pareja ha cumplido este año siete décadas de vida, y es que esta estrella de la bande dessinée lleva atrapando a los más peligrosos forajidos desde 1946.

El personaje llegó a mí de manera casual, como suele ocurrir. Gracias a mi afición por otros grandes del tebeo, Astérix y Obélix, comencé a investigar un poco más sobre otras obras francesas del estilo. Resulta que el guionista de la etapa más clásica de las aventuras de Lucky Luke no era otro que René Goscinny, cocreador de la pareja gala, así que rápidamente puse mis ojos en este western comiquero. Por suerte, mi madre, que en otra época de la historia de España hubiese sido tachada de “afrancesada”, no tardó en traerme de uno de sus viajes un número de Lucky Luke. Concretamente, el número 20, titulado ‘Billy The Kid’ (Dupuis, 1962). Tras devorarlo en apenas una tarde (no sin ayuda, ya que mi francés de aquella época estaba aún en pañales) y deleitarme con esas viñetas tan paródicas, decidí declararme, oficialmente, fan absoluto de Lucky Luke.

Morris (derecha) junto a Goscinny en Ámsterdam

Morris (derecha) junto a Goscinny en Ámsterdam

El personaje fue creado por Maurice de Bévère, más conocido como Morris (Cortrique, Bélgica, 1 de diciembre de 1923 – Bruselas, 17 de julio de 2001). El autor belga estudió cine de animación en la escuela de Jean Image y enseguida empezó a trabajar, terminada la formación y con 20 años, en un estudio.  No fue hasta acabada la II Guerra Mundial en 1945 cuando contactó con el editor Dupuis, quien era dueño de las revistas Spirou y Le Moustique. Fue allí donde recibió, casi de rebote, el encargo de crear su propia historieta. Morris, quien ya en aquellos años era un gran aficionado a la historia de Norteamérica, no tardó en ubicar a sus personajes en el lejano oeste y así nació Lucky Luke. Lo hizo en el episodio Arizona 1880, con un estilo claramente influenciado por su formación cinematográfica de trazos más redondeados.

El buen recibimiento de la aventura permite que Morris reciba el encargo de continuarla y ya en 1949 se publicaría el que es el primer álbum de la serie: ‘La mina de oro de Dick Digger’. Lo más curioso de todo es que, ávido de seguir empapándose del pasado de los EEUU, decidió hacer un viaje junto a otros historietistas. Permaneció seis años, durante los cuales no paró de tomar notas y visitar lugares que luego se verían reflejados en sus trabajos. Sin embargo, la clave del traslado fue que conoció al que es considerado como uno de los mejores guionistas de cómics: Goscinny, quien se encontraba en Nueva York sin un duro.

El primer álbum de Lucky Luke, en el que se puede comprobar el estilo original

El primer álbum de Lucky Luke, en el que se puede apreciar el estilo original

El encuentro permitió a Goscinny trabajar en la agencia World Press de Bélgica y, al regresar a Europa, funda la revista Pilote. Sí, en la que debuta Astérix. Y como no podía ser de otra forma, comienza a colaborar con Morris, dando un gran impulso al personaje con el número Rieles en la pradera, que se publicó en 1955. El resto es un relato de amor por el arte de las historietas. Morris y Goscinny firmaron juntos 35 números, la que es considerada la mejor etapa del personaje. Pese al fallecimiento del segundo en 1977 (se despidió del vaquero con el número El hilo que canta, último guion que firma), Morris siguió dando vida a Lucky Luke hasta el fin de sus días, y su legado es tal que el Festival Internacional de Cómics de Angoulême le homenajeó por los 70 años del personaje en su última edición.

Lucky Luke fue uno de los pioneros a la hora de crear cómics para todas las edades. Su particular estilo, entre la parodia y el homenaje al lejano oeste, y la retahíla de grandes personajes secundarios como Rantanplán o los desternillantes Hermanos Dalton, hicieron de la serie una de las más importantes del cómic europeo. El western se respira en cada viñeta, en las que además tiene tiempo de homenajear a clásicos del spaghetti western como el trabajo de Sergio Leone o John Ford. Asimismo, es importante destacar cómo bebía de la realidad, pues los propios Dalton, el protagonista de el número ‘El Juez’ (nº13, 1959) o Juanita Calamidad existieron de verdad.

Sobra decir además que, especialmente en la etapa con Goscinny, Lucky Luke es un cómic que invita a hacer varias lecturas para poder apreciar todos los detalles del estilo suelto de Morris y los magníficos diálogos del guionista, con un toque ácido, divertido y repleto de referencias que hacen de la serie una obra maestra. Si no le han dado una oportunidad, nunca es tarde para abrocharse las botas, colocarse el sombrero y recorrer las anchas praderas del far-west mientras cantan “I’m a poor lonesome cowboy…”.

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