Los demonios de Kirkman que derrochan talento

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Antes de ir al grano en este reseña me gustaría proponerles un juego, un pequeño ejercicio para fortalecer los músculos y poder leer más relajados. Primero, sitúense frente a unas escaleras, desde la parte de arriba. A continuación, hagan el pino puente. Finalmente, bajen las escaleras. ¿Les suena la escena? Exacto, es una de las más icónicas de aquella película de 1973, El Exorcista, dirigida por William Friedkin y basada en la novela homónima de William Peter Blatty quien, dicho sea de paso, escribió el guion del filme. Es todo un clásico del cine de terror y posiblemente la película más importante que se haya hecho jamás sobre el mundo de las posesiones demoniacas. Y Hollywood lo ha intentado en otras tantas ocasiones, pero ninguna ha podido igualar el impacto y el aura de misterio que aún rodea a El Exorcista. Y es que no se puede olvidar que aún hoy hay quien cree que ser poseído por demonios malvados es posible y, de hecho, el mismísimo Vaticano tiene en nómina a exorcistas profesionales.

Portada del primer número de 'Outcast' ('Paria' en español)

Portada del primer número de ‘Outcast’ (‘Paria’ en español)

Se trata de un mal que ha rondado el imaginario colectivo desde hace siglos, especialmente durante la católica Edad Media, cuando la tradición cristiana regía en Europa. En aquellos años, enfermedad mental era lo mismo que posesión demoniaca, y cualquier tradición popular pagana, perseguida por brujería o herejía. Y, como decía, tras miles de años, aún hay quien cree que los demonios en la Tierra existen y pueden meterse en nuestros cuerpos. Realidad o no, son un ingrediente magnífico para cualquier relato de terror y Robert Kirkman, autor de la exitosa serie The Walking Dead, ha puesto sus ojos en este lóbrego terreno.

Lo ha hecho con su nuevo trabajo, Outcast, que llega a España bajo el título de Paria, una palabra fea fruto de una traducción demasiado literal para mi gusto. En cualquier caso, esta nueva serie vuelve a demostrar no solo el gran talento de Kirkman, sino también la fuerza narrativa de las viñetas. Si en Los Muertos Vivientes el estadounidense nos contaba el lado más humano, para bien y para mal, de un apocalipsis zombi, en esta ocasión la fórmula es parecida. Y es que las representaciones artísticas de una posesión demoniaca ha seguido tradicionalmente los mismos esquemas, con un violento poseído como protagonista, capaz de realizar torsiones imposibles y expulsar fluidos no aptos para los estómagos más sensibles, y el encargado de acabar con su mal frente a frente. Personas atadas a camas, crucifijos, sotanas… Nada que no conozcamos.

No obstante, Kirkman ha vuelto a dar una vuelta de tuerca al clásico razonamiento demoniaco, centrándose en cómo puede repercutir en el lado más humano de los afectados, con un enfoque más social que político o religioso. En esta ocasión el protagonista es Kyle Barnes, un joven que tras años de aislamiento social, ha regresado a su localidad natal para tratar de descubrir algunas claves de su pasado. Desde su infancia, a Barnes nunca han dejado de atormentarle los demonios, y los que le rodean parecen condenados a sufrir las consecuencias. ¿Fue realmente Barnes quien maltrató a su hija? ¿Qué le ocurrió a su madre? Los secretos son el arma secreta del terror por ese pavor que despierta en nosotros lo no conocido y en Outcast Kirkman la utiliza con maestría.

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El resultado es una serie con un toque más terrorífico que la propia The Walking Dead pero que también va camino de convertirse en otro éxito internacional. De hecho, ya está preparada una adaptación televisiva que quiere repetir el positivo impacto del serial zombi. Pero volviendo al cómic, que es lo que nos interesa, el guionista forma tándem con el dibujante Paul Azaceta, quien con su trazo entre clásico y moderno sabe trasladar el potente guion de Kirkman. Cabe destacar el impresionante trabajo de la colorista Elizabeth Breittweiser, quien hace un espectacular uso de los tonos cálidos y fríos, con una combinación tenebrosa que plasma de manera brillante lo que Outcast’ representa.

Si no sabes qué leer, si te has terminado Los Muertos Vivientes o quieres dar un descanso a los zombis, si tienes ganas de pasar miedo dándole al coco, si estás harto o harta de los topicazos que rodean a las posesiones y buscas algo más, Outcast es tu cómic. Encontrarás misterio, tensión, secretos que te harán echar humo, viñetas de las que forman un nudo en la garganta y el talento de Kirkman que estás esperando. Bravo por los demonios, que sigan nutriéndonos de grandes historias.

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