Los sauces, de Algernon Blackwood

En el inabarcable universo literario existen grupos y categorizaciones para prácticamente todo: géneros, escritores, generaciones y movimientos literarios se pelean unos con otros como púgiles en un ring. La intención de encabezar y por qué no dar nombre a uno de estas clasificaciones se antoja como un objetivo ya implícito, una tarea encomendada a los críticos y teóricos especializados en la materia. Los escritores escriben, mientras los académicos clasifican. En este entramado hay un libro en particular que ordena y distribuye buena parte de la literatura de terror, nuestra área de estudio: El horror sobrenatural en la literatura, de H.P.Lovecraft. Dicho ensayo rebobina sobre lo que para el famoso autor de Providence era el origen del género gótico y sus figuras más destacadas. Desde entonces, muchos de los novelistas que allí se citan son vitoreados como “el maestro”, “la influencia”o “el precursor” del creador de Los mitos de Cthulhu y razón no les falta.

El horror sobrenatural en la literatura destaca a Matthew Lewis, Arthur Machen, Edgar Allan Poe y a William Hope Hodgson, entre otros. Lo que viene a ser lo mismo que citar obras imprescindibles para los amantes del terror como El monje, El gran dios pan, El corazón delator y Los piratas fantasmas; todas ellas alabadas y criticadas por Lovecraft en su extenso ensayo. Pues bien, en ese extraordinario repaso histórico también sale la figura de Algernon Blackwood, escritor y aventurero británico; autor de Los sauces y coetáneo de otros grandes novelistas del momento como Lord Dunsany o los ya mencionados Machen y Hodgson.

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Portada de Los Sauces

Entre sombras y ramas

La obra de Blackwood es tan vasta como eminentemente fantástica y, es en ella, donde Los Sauces ocupa un lugar privilegiado. Un relato que plantea la unión entre dos mundos a partir de lo ominoso y macabro, tal y como se encargaría de tallar Lovecraft bajo la sombra del poderoso Cthulhu. Hay en la pluma del británico una clara intención por crear una atmósfera agobiante, tensa y pérfida y no por ello menos atractiva. La eminente adjetivación empleada para realizar las descripciones no solo consigue su objetivo, también se hacen tremendamente adictivas para quienes las leen y disfrutan con ellas, esperando descubrir un nuevo detalle tétrico con su consiguiente sensación de escalofrío.

No deja de resultar curioso encontrar ciertas similitudes que comparten las vidas de varios escritores fantásticos de finales del siglo XIX. Especialmente significativas parecen las trayectorias de Blackwood y Hodgson, dos escritores/aventureros, que en muchas ocasiones pasaron más tiempo arriba de un barco o viajando por Rusia y Alemania que delante de un escritorio. Incluso en sus relatos podemos detectar esa obsesión por lo desconocido y extraño, la pasión por el mar y las fuerzas terribles que se esconden a nuestro alrededor. Los sauces bien inicia como podría hacerlo cualquier cuento de Hodgson, aunque aquí hay que reemplazar el barco por una piragua, el mar por el Danubio y los monstruos marinos por las sombras y proyecciones que nacen desde los sauces. La convergencia entre la realidad y ese otro mundo que convive con el nuestro crece y se alimenta, hasta que la unión estalla ante los ojos impertérritos de los protagonistas. A pesar de ser popularmente conocido por sus ghost stories, el terror moderno que se presenta en Los sauces pretende la reflexión soterrada sobre el miedo y su proximidad, lejos ya de los monstruos y las criaturas sobrenaturales. Y aunque Los sauces invite a sumergirnos en el horror más psicológico, también hay espacio para que la imaginación pueda dar forma a los extraños habitantes de la espesura, unos seres capaces de doblegar la voluntad y devorar el alma.

La estructura narrativa de la historia nos lleva de lado a lado, en movimientos circulares, para toparnos ante un final muy parecido al que presencian los protagonistas al inicio de la aventura, un juego macabro entre cadáveres que flotan y la presencia de una nutria. En cuanto a la edición, Hermida Editores se ha lucido con la inclusión del necesario prólogo de Lovecraft y una breve, pero completa biografía del autor en sus páginas finales. En cuanto a la traducción, esta ha recaído en Óscar Mariscal, traductor también de Crónica de una cacería de Troles, entre otros trabajos.

Los sauces no llega a las cien páginas y tampoco las necesita, porque, de lo contrario, no seríamos capaces de mirar las ramas de un sauce nunca más; una proyección terrorífica creada por uno de los autores más importantes de la literatura del miedo. Su pluma desgarbada, capaz de recrear con una finura asfixiante los parajes y sitios más recónditos de la mente humana, envejece con especial maestría. Una lectura que confirma el poderoso renacer de un escritor que merece que se hable y se escriba más de él.

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