Un viaje inesperado: regreso al mundo de ‘El Señor de los Anillos’, de JRR Tolkien – Entrega I: ‘La Comunidad del Anillo’

Cuesta decidirse qué libros vas a releer y cuáles no. Es un ejercicio complicado, porque volver a las mismas páginas que ya recorriste puede ser tan fatigoso como improductivo. Desde luego, hay libros que no merecen tales reconocimientos, pero otros parecen llamarnos desde las estanterías, dispuestos a atraernos y atarnos entre sus capítulos. Buena razón para volver a una historia es intentar descubrir por qué una obra es tan especial, tan imperecedera al paso del tiempo, tan inmortal. A veces nos hace falta un mínimo estímulo, como el hecho de que lancen una adaptación en forma de película o serie, para interesarnos de nuevo. Pero otras veces ni eso: la historia es tan maravillosa, tan magnética y especial que se muestra imponente y magnífica en la estantería, sabedora de que, tarde o temprano, vas a volver a caer. Eso, damas y caballeros, es El Señor de los Anillos.

El célebre J.R.R. Tolkien está en cierto modo de actualidad de nuevo. Al 40 aniversario de la publicación de El Silmarilion, que la editorial Minotauro celebró con una edición especial de lo más espectacular, se le sumó la publicación de historias y trabajos inconclusos del escritor, editados por su hijo Christopher Tolkien. Primero fue el turno de la historia de Beren y Lúthien (Minotauro, 2018) y ahora llega La caída de Gondolin. No cabe duda de que el rico universo de la Tierra Media da para mucho, y es conocido el trabajo de ‘arquitecto’ que Tolkien padre fue desarrollando para dar forma a la fantasía que tenía en su cabeza. Su labor ha dado pie a lenguas como el élfico y toda una mitología propia que, si sus herederos y editores lo desean, pueden estirar hasta el infinito. Todo fan abrazará tales publicaciones, pero a veces es preciso no perderse entre la maraña de grandes titulares de prensa y fijar la vista dónde todo comenzó.

Secuela de El Hobbit

El primer libro que publicó JRR Tolkien fue El Hobbit, el cual escribió como un cuento infantil que contar a su prole, y fue todo un éxito. En La Milana Bonita hace nada menos que 7 años le dedicamos un programa a este inmortal relato, y ahora, por razones que son superiores a nuestras fuerzas, y como pueden comprobar, volvemos una y otra vez a la Tierra Media. Esta vez lo hacemos con una serie de relecturas a cargo de un servidor de lo que en un principio se planteó como la continuación de El Hobbit: El Señor de los Anillos. Tolkien comenzó a trabajar en la que es su obra más conocida después de que sus editores le pidiesen que escribiese mejor “una secuela de El Hobbit” y se olvidase de eso en lo que estaba trabajando, que no era otra cosa que Book of Lost tales, el conjunto de relatos que serviría tiempo después de germen de El Silmarilion.

Por este motivo, el escritor abandonó lo que en ese momento tenía entre manos y se dispuso a trabajar en esa continuación de El Hobbit, pero las circunstancias provocaron que fuese mucho menos alegre y más oscura que aquella obra. Puede que el hecho de haber vivido nada menos que dos guerras mundiales tuviese algo que ver. Así es como nació el tremendo periplo de Frodo, Sam, Aragorn, Gandalf y compañía; el viaje para destruir el Anillo Único de poder que una vez Bilbo encontró y la guerra contra el Señor Oscuro Sauron que el casual acontecimiento desató.

Volumen I: ‘La Comunidad del Anillo’

En un principio, ‘El Señor de los Anillos’ fue planteada por Tolkien como una sola y extensa obra. Fueron los editores quienes recomendaron partirla en tres partes: La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey. El propio Tolkien, eso sí, especificó los subtítulos de cada parte. Con el primer volumen de todos comenzamos esta serie de reseñas dedicadas a la que es posiblemente la saga de fantasía más importante de todos los tiempos. ¿Cómo ha sido volver a  embarcarme en tamaña aventura? Sin duda, se trata de una tarea que recomiendo a cualquier amante de estos libros e historias, no solo porque la prosa de Tolkien es inmutable al paso del tiempo y se muestra tan fresca y viva como cualquier obra reciente, sino porque el mundo de la Tierra Media y su mitología es tan rico en detalle que siempre puedes aprender algo nuevo.

La historia comienza con el cambio de manos que hace el Anillo Único, que pasa de manos de Bilbo a Frodo como regalo de aquel tras decidir su retiro de la Comarca. Una vez más, Tolkien acude a pequeños acontecimientos que marcan los poderosos destinos de sus personajes, y es que igual que en El Hobbit Bilbo se tropieza casi sin querer con el objeto más peligrosos de la Tierra Media, en El Señor de los Anillos Frodo recibe la mayor carga que puede recibir en un momento tan inocente como una fiesta de cumpleaños. La famosa fiesta de Bilbo es el punto de partida de una trama que capítulo tras capítulo, volumen tras volumen, se va volviendo más oscura y complicada. La sensación que he tenido es que el propio Tolkien consigue que el lector sienta el aumento de poder del Señor Oscuro a medida que avanza la historia, un poder que transmite pavor a los protagonistas.

El ritmo

En su día, cuando me leí la obra de Tolkien y luego pude ver la magnífica adaptación de Peter Jackson (la cual, tras volver ahora a leer El Señor de los Anillos valoro aún más), tuve la sensación de que los propios libros tienen un ritmo mucho más pausado. Obviando el hecho de que son lenguajes diferentes, lo cierto es que con esta nueva lectura he podido comprobar que el frenético tempo de los filmes es más fiel al de los libros de lo que parece. La Comunidad del Anillo es un viaje constante de los distintos personajes, el cual se va narrando en diferentes planos de manera que primero conocemos los quehaceres de los hobbits protagonistas –Frodo, Sam, Pippin y Merry– y después del resto de personajes.

Desde la tremenda huida de los Jinetes Negros (aún recuerdo la siniestra atracción que sentí por estos personajes la primera vez que leí sobre ellos. Su fuerza argumental me pareció y me parece magnética, pues en todo momento se nos hace saber que son una amenaza poderosísima, pero su origen es oscuro y misterioso), hasta el encontronazo con Trancos (“¿quién es y qué quiere? Nada bueno, seguro” recuerdo pensar) y la frenética persecución hasta la llegada a Rivendel, país de los elfos del Norte. La casa de Elrond y el anterior paso por casa de Tom Bombadil son los dos momentos más calmados de la historia, perfectos para tomar aliento, pero el resto es un no parar que lleva a los héroes a enfrentarse a tumularios, lobos, orcos e incluso Nazgûl. Esta característica hace que la historia haya conseguido atraparme de nuevo, incapaz de soltarla aún sabiendo lo que iba a ocurrir. Cabe destacar que los momentos de descanso los aprovecha Tolkien para dar a conocer cada vez más datos sobre la mitología y el mundo de la Tierra Media, que el lector descubre al mismo tiempo que los propios protagonistas, lo que intensifica la inmersión en la lectura.

Los personajes y la mitología de la Tierra Media

Una segunda lectura permite masticar mejor las historias y apreciar más los detalles. Cada personaje creado por Tolkien tiene una razón y un porqué, y no hay ninguno que no aporte a la historia. Porque además, las celebradas adaptaciones cinematográficas provocan que muchas veces nuestra imaginación ya esté sugestionada. Cuesta, por ello, no imaginarse a Frodo como Elijah Wood o a Aragorn como Viggo Mortensen y ni siquiera recuerdo qué forma tenían en mi mente cuando leí por primera vez El Señor de los Anillos. No obstante, la relectura permite apreciar de nuevo detalles como la evolución de Frodo, que pasa de ser el inocente sobrino de Bilbo al único héroe capaz de cargar con el Anillo Único, una carga que en los libros (y permítanme aquí hacer una comparación con la película) se transmite como mucho más pesada y dificultosa que en la adaptación.

De hecho, no han sido pocas las bromas que se han hecho sobre lo débil y endeble que parece el personaje en las versiones cinematográficas, cuando en los libros no solo no es así, sino que es de los más cabales y sensatos. Se ve especialmente en La Comunidad del Anillo cuando, tras el Concilio de Elrond, se le nombra Portador y su responsabilidad crece sobremanera. Lejos de amedrentarse, empieza a tomar las decisiones correctas. Otro de los detalles es cómo el propio Frodo descubre a lo largo de la aventura que esta es una tarea que le concierne a él y solo a él. En un principio solo está cómodo cuando sabe que Gandalf le acompaña y, tras el terrible suceso en el puente de Khazad-dûm, aún se siente bajo el abrigo de Aragorn. Cuando se plantea la posibilidad de que sus caminos se separen, Frodo siente un terror que se va atenuando hasta que, al final de La Comunidad del Anillo, asume que es su viaje y decide afrontarlo con decisión. Es la evolución de Frodo uno de los pilares fundamentales de este primer volumen de la Trilogía.

Con Gandalf, por ejemplo, como lector tienes la misma sensación que los propios personajes. Es el que todo lo puede y todo lo sabe y siempre confías en él. Más aún si vienes de leer El Hobbit, y por eso gana tanto peso el capítulo de ‘El puente de Khazad-dûm’, cuya primera lectura encoge el corazón a cualquier. El propio George RR Martin reconoció hace poco que ese pasaje le impactó mucho, incapaz de creer que el mago había muerto (así es como lo percibimos todos). Luego, eso sí, Tolkien nos ofrece pistas de lo que ocurrirá en un futuro con la visión que tiene Frodo en el espejo de Galadriel, en el que ve a un mago con mantón y báculo blanco. Lo fácil era pensar que se trataba de Saruman, pero como todos sabemos ahora, no era así. Esa diseminación de pistas sobre acontecimientos pasados y futuros con respecto a la trama principal son unas constante en ‘El Señor de los Anillos’.

Por otro lado, en los momentos de descanso que mencionaba antes, especialmente en Rivendel, Tolkien aprovecha para contar los otros acontecimientos de importancia que estaban ocurriendo en la Tierra Media mientras nosotros solo teníamos la vista puesta en el viaje de los Hobbits. Así descubrimos casi de pasada que Saruman se ha pasado al lado oscuro, aunque aún no se nos revela en qué grado. Lo que se narra en La Comunidad del Anillo es que el otrora mago blanco quiere hacerse con el Anillo pero, aunque es una conclusión que se puede sacar si uno está atento a la descripción del poder del anillo, no se sabe si es ya un siervo reconocido de Sauron. También se narra la tarea que llevó a cabo Gandalf de investigación sobre el creciente poder del Señor Oscuro, e incluso su enfrentamiento con el Nigromante en Dol Guldur, el cual tiene lugar cronológicamente en la trama de El Hobbit (de hecho, se muestra en la película de Peter Jackson). También el tratamiento de Gollum es especial, y se nos habla de él a cuentagotas. Su insistente seguimiento a La Comunidad del Anillo es aún más siniestro de lo que había imaginado. Es sin duda, un ser que en una primera lectura da entre repelús y miedo y que en una segunda pierde esta fuerza al saber ya su rol en la historia.

La mitología de este primer volumen se centra sobre todo en situar al lector, de manera que Tolkien cuenta los puntos básicos de la trama: sabemos que hay un poderoso Anillo que persigue Sauron (y que poco a poco lo identificamos como el Anillo Único) y que hubo otros anillos que se entregaron a las diferentes razas, lo cual provocó guerras de muchos años atrás. Lo interesante de esta segunda lectura es que te fijas más en aspectos que, recuerdo, en su momento no les di tanta importancia, como el hecho de que Galadriel porta uno de los tres anillos de los elfos y este es el que otorga el poder que reina sobre Lothlórien.

El conocimiento de todo el universo de El Señor de los Anillos te permite saber por ejemplo qué son y porqué están donde están los tumularios, lo que enriquece aún más una lectura. Añadiré además que en esta ocasión he prestado más atención a las canciones en verso que distintos personajes entonan, y disfrutado más de cómo algunos protagonistas (especialmente los hobbits) descubren más detalles sobre leyendas como la de Beren y Luthien. Nunca me había fijado tampoco en el paralelismo que guardan estos dos personajes de la mitología de Tolkien con Arwen y Aragorn, por ejemplo. Por cierto, cuando la mujer de Tolkien, Edith Mary Bratt, falleció en 1971 el escritor pidió que se grabara el nombre de Luthien en la lápida; cuando solo dos años lo hacía Tolkien (precisamente un 2 de septiembre) se les enterró juntos, añadiendo el nombre de Beren.

Por último y para cerrar este primer recorrido de relectura por la Tierra Media, cabe destacar que me ha sido mucho más fácil situarme en el mapa, sabiendo con más o menos precisión el recorrido de los intrépidos protagonistas. En una primera lectura y pese a que los libros tienen incluidos los mapas, no les hice mucho casos. Craso error ya que es una ayuda que te hace conectar aún más con los personajes. Por lo pronto, a estos les he dejado con la Comunidad disuelta, con Frodo y Sam camino de las colinas de Emyn Muil y el resto aparentemente en peligro, en un bosque cercano al prado de Parth Galen. Estamos a 26 de febrero de 3019 de la Tercera Edad.

Continuará….

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