Reseña de ‘Los siete locos’, de Roberto Arlt: los bajos fondos como discurso narrativo

Cuando hablamos de literatura argentina, los primeros nombres que se nos vienen a la cabeza son los denominados “canónicos”, por decirlo de algún modo. Y así surgen en nuestra mente Borges, Casares, Cortázar, Ocampo, etcétera. Si nos ponemos contemporáneos, ahí están Piglia, Aira, Enríquez, Fresán… Larga y dichosa es la lista de autores/as argentinos/as. Pero pensándolo bien, y especialmente en lo referente a los más sonados, echo de menos un nombre que, por alguna razón que se escapa a mi conocimiento, no está forjado a fuego como uno de los más grandes: Roberto Arlt.

El escritor Roberto Arlt

La literatura es caprichosa y generosa, y fue precisamente leyendo a otro autor como acabé encontrándome con Arlt. Demasiadas veces mencionaba Piglia en sus diarios este nombre como para pasarlo por alto, así que finalmente acabé adquiriendo un ejemplar de Los siete locos (Cátedra), una de sus obras más sonada. La selección fácil. Roberto Arlt nació en el modesto barrio de Flores, en Buenos Aires, en 1900. Hijo de inmigrantes (su padre nació en Prusia Oriental; su madre, en Trieste, Italia), algo habitual para la Argentina de la época, se considera a Arlt como uno de los padres de la literatura argentina moderna. Polifacético como pocos, trabajó de periodista, mecánico, pintor, trabajador portuario, ayudante de biblioteca e incluso inventor. En una carta de un lector, según cuenta el propio Arlt, se le atribuye el estereotipo de escritor romántico. Él mismo escribe un autorretrato:

De allí que yo, en mi aspecto exterior, no ofrezca “el de un hombrecillo nervioso”, sino el de un robusto vago, bien vestido y razonablemente alimentado, que no se detiene ante los escaparates de las librerías, sino en las circunstancias en que. Frente a ese escaparate, hay alguna señorita que valga la pena de mirarse, pero no para estudiarla sino para admirarla.

Un escritor que se valió de sus experiencias vitales para alejarse de la tradición y poner el foco en la realidad argentina que realmente le interesaba, esto es, en los suburbios, en los rincones oscuros, en los arrabales de las ciudades, alejados del glamur y cubiertos de suciedad y personajes pintorescos. Son ciertamente celebrados sus cuentos (El jorobadito, Luna roja), así como los artículos periodísticos, pues trabajó para dos de los más importantes diarios porteños de la época: Crítica y El mundo. Ahora bien, si hablamos de una obra que puede definir al autor argentino esa es Los siete locos. 

Portada de la primera edición

Publicada en 1929, la novela es sin duda fruto de su tiempo, años de crisis económica y despertar artístico en forma de vanguardias. Nuevos “ismos” que, cada uno a su manera, tratan de desafiar a lo establecido, de volar por los aires esa prosperidad que les ha llevado al abismo. Arlt tiene el contexto preciso para dar forma a sus inquietudes, y lo hace a través de unos personajes histriónicos, sin parangón, a los que da voz propia para que cobren vida a través de sus discursos. La novela se estructura en dos historias que posteriormente se entrelazan. La principal es la de Erdosain, el protagonista, quien anda en busca de quien le preste algo de dinero para saldar una deuda que, en caso de no conseguirlo, podría mandarlo a prisión. Es en esa búsqueda en la que se van apareciendo los diferentes figurantes para conformar una historia en la que los diálogos entre personajes y los monólogos introspectivos del protagonista son fundamentales.

-Además, ¿quién no te dice que eso sea para bien? ¿Quiénes van a hacer la revolución social, sino los estafadores, los desdichados, los asesinos, los fraudulentos, toda la canalla que sufre abajo sin esperanza alguna? ¿O te crees que la revolución la van a hacer los cagatintas y los tenderos?

-De acuerdo, de acuerdo… pero, en tanto llega la revolución social, ¿qué hace ese desdichado? ¿Qué hago yo?

Escena de ‘Los siete locos’

Los personajes de Arlt, seres sin rostro y muchas veces prácticamente sin nombre, como es el caso del Astrólogo, adquieren una dimensión en ocasiones épica a través de su discurso. Cuestiones como el valor del dinero, la lucha de clases, el sentido de la vida en los más bajos fondos de la sociedad, el amor… Todos son temas que el autor va articulando a través de esas voces que se entrecruzan en una trama que por momentos adquiere tintes de thriller y en otros de novela social. Todo ello, además, en escenarios de la parte olvidada de las ciudades; tabernas, prostíbulos, hogares en decadencia. 

El punto de inflexión lo encuentra Erdosain cuando decide unirse al plan del Astrólogo, un singular estafador que tiene como objetivo formar una organización secreta que, poco a poco, vaya introduciéndose en los diferentes estratos sociedad para dinamitarla desde dentro y formar una nueva. Para cada uno de los diferentes locos que se van uniendo a tal propósito, el propio Astrólogo tiene una mentira preparada con el fin de ganarse su confianza y que sean fieles al objetivo último, de tintes nietzschenianos. El nacimiento de esta organización tiene como punto de partida un asesinato que les permitirá obtener el dinero necesario, y la preparación del plan supone alguno de los mejores capítulos de toda la novela. La política argentina se cuela también, como era de esperar, en los temas tratados por Arlt, cuya obra adquiere por momentos cierta dimensión profética.

-¡Ah! El oro… el oro… ¿Sabe cómo lo llamaban los antiguos germanos al oro? El oro rojo… el oro… ¿Se da cuenta usted? No abra la boca, Satanás. Dese cuenta, jamás, jamás ninguna sociedad secreta trató de efectuar semejante amalgama. El dinero será la soldadura y el lastre que concederá a las ideas el peso y la violencia necesarios para arrastrar a los hombres. Nos dirigiremos en especial a las juventudes, porque son más estúpidas y entusiastas. Les prometeremos el imperio del mundo y del amor… Les prometeremos todo… ¿me comprende usted?… Y les daremos uniformes vistosos, túnicas esplendentes… capacetes con plumajes y variados colores… pedrerías… grados de iniciación con nombres hermosos y jerarquías… 

Extracto de una de las conversaciones con el Astrólogo, personaje de ‘Los siete locos’

Existe cierta tendencia a proyectar ideas que leemos en libros publicados hace años en el presente, para así tratar de dar con alguna respuesta. Más ahora en los tiempos de redes sociales, que permiten fácilmente sacar de contexto frases para adaptarlas al ideario del sujeto que ha compartido la captura de pantalla del libro en cuestión. Pues bien, para todos aquellos aficionados a este tipo de prácticas, en Los siete locos van a encontrar una mina de oro, aunque si por el camino deciden estudiar el contexto de la obra de Arlt, verán que es un trabajo con tanto poso que en ocasiones asusta. Por momentos, da la sensación de que el escritor es prácticamente capaz de resumir el siglo XX al completo, y eso que él falleció en 1942, a través de la voz de siete lunáticos anónimos. Aunque ahora que lo pienso, no se me ocurren mejores guionistas para nuestro porvenir.

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