Reseña de ‘Ala de Dragón’, de Margaret Weis y Tracy Hickman: ¡fuera prejuicios!

Para adentrarse en el mundo que proponen Margaret Weis y Tracy Hickman en Ala de Dragón hay que despojarse de ciertos prejuicios: 1) los libros escritos a dos manos no tienen personalidad, 2) la fantasía es un género menor y 3) la “alta literatura” y las sagas son como el agua y el aceite. Seguramente, la mayor parte de los lectores de La Milana no tendrán problema con esta propuesta, ahora bien, por si hay algún despistado, no está de más recordarlo.

Ala de Dragón es la primera novela de una larguísima serie de libros titulada ‘El ciclo de la Puerta de la Muerte’ (si te gusta la primera puedes seguir leyendo seis más). Esta novela una puerta de entrada a un gigantesco universos fantástico abalado por la firma de Margaret Weis y Tracy Hickman. Seguramente, a los apasionados del género, les suene el nombre de sus dos autores, porque también son los cocreadores de universo ficcional Dragonlance. Esta carta de presentación, que para muchos será suficiente, puede dar una pista a los más legos si bucean un ratito en internet (aviso, si nunca habéis oído hablar de Dragonlance os quedaréis ojipláticos).

Como no podía ser de otra manera, la lectura de Ala de Dragón responde a todos los cánones del género. El más importante de ellos, desde mi punto de vista, es la creación de un universo fantástico. En este caso, nos encontramos con un espacio narrativo compuesto por una serie de islas flotantes divididas jerárquicamente. En el Reino Inferior, habitan los Gegs (enanos) que son los encargados de hacer funcionar una máquina, llamada Trumpa-chumpa, cuyo cometido no es claro.

Personalmente, la descripción de este submundo es con la que más he disfrutado, porque por momentos la hipérbole desemboca en una fantástica sátira política con reminiscencias a la teoría política marxista. Los Gegs, trabajadores incansables en esta inmensa factoría, se dedican día y noche a mantener la máquina sin saber si quiera cuál es el objetivo final de esta gigantesca factoria. Todo esto cambia cuando Limbeck comienza a preguntarse el porqué de las cosas y pone en entredicho el sistema.

En el Reino Medio habitan los humanos y los elfos, enfrentados por la escasez de agua que solo pueden conseguir gracias a la máquina del reino inferior. El Reino Superior es donde viven los Misteriarcas, una enigmática colonia de poderosos magos humanos que se exiliaron para tratar de escapar de las guerras que asolaban el Reino Medio.

Así de primeras, puede parecer lioso, pero en realidad la historia te envuelve de tal manera que es sumamente fácil entrar como lector en este reino fantástico de la mano de sus protagonistas. Tampoco voy a desvelar mucho de la trama (ya que obedece punto por punto al “viaje del héroe), pero, salvo el principio y el final que se hacen un poco pesados, el resto de la novela es una fantástica “novela de viajes” (road novel) repleta de acción. Dragones, magos, estética medieval… el todo que compone Ala de dragón es una gran narración, repleta de matices, que garantiza al lector horas de diversión.

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