‘Noche y océano’ de Raquel Taranilla: narrativa para mentes fragmentadas

Raquel Taranilla, autora de Noche y océano, explicó en una entrevista que para entender su novela se debe revivir esa experiencia de desayunar mirando el móvil. Junto al café con leche y las galletas, se amontonan las notificaciones del correo, los grupos de Whatsapp sin contestar, las últimas noticias, la radio que suena, el llanto de un pañal desatendido… Decenas de mensajes que se superponen, se amontonan hasta el punto de que una magdalena puede saber a toque de queda. Bueno, esto último no lo dice la autora, pero creo que es significativo.

Noche y océano (Premio Biblioteca Breve 2020) es una novela que rompe con la linealidad narrativa, para adentrarse en una lectura hipertextual. Hay quien podría decir, muchas de las críticas que ha recibido es por esto, que la narración carece de “trama”; sin embargo, sería más acertado hablar de multitud de tramas. En estas páginas se agolpan centenares de historias, de afluentes, que desembocan en la idea transversal que articula la novela: la historia de Quirós (cineasta loco por la obra de Murnau) vista por los ojos de Bea.

Es ella, su voz personalísima, lo que define por completo la novela. Académica renegada, Bea es un personaje en una caída constante que durante su relato revienta con crudeza la burbuja del conocimiento universitario. Aquellas personas que no hayan vivido de cerca la rutina de un Departamento de cualquier facultad de letras podrían pensar que su descripción es caricaturesca. Ni mucho menos. En sus palabras, en su crítica manifiesta, hay más verdad que en las últimas cincuenta entrevistas que se han hecho a diferentes ministros de universidades.

Raquel Taranilla toma el discurso académico y lo utiliza con gran inteligencia para construir su historia. Las notas al pie, las citas constantes, la estructura persuasiva basada en los argumentos de autoridad son el recurso formal que da contenido (significativo) a la historia. La propia protagonista lo llega a definir como “discurso canceroso” y no le falta razón. El conocimiento enciclopédico la devora por dentro hasta enterrarla viva (lo que nos puede dar la pista de por qué hay tanto zombies vagando por los pasillos de las facultades de todo el mundo).

Y todo esto “¿Con qué sentido?”, se cuestiona la narradora al final de la novela. Su respuesta nos da el mejor resumen de la obra: “Oh, teóricamente, con todos los sentidos y con todos los propósitos”.

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