Consideraciones de una previa

¡Hola! ¿Qué tal están? Bueno, mejor que empecemos cuanto antes… que esto no será fácil de explicar.  No se asusten, seré breve. Por mi condición, digo. Pero no me adelantaré: primero será mejor que me presente.
Yo soy una entrada “previa”, ¿vale? Y como previa mi función es informar brevemente del próximo análisis de La Milana Bonita. Ahora mismo soy la entrada más importante del blog. Me gusta eso. Pero dentro de unos días llegará el programa, y ya no tendré utilidad. Moriré. Qué fastidio, oigan. Algo parecido le pasa a un tal Augusto Pérez. Entonces decide rebelarse contra su autor. Una auténtica genialidad, ¿por qué no se me ha ocurrido a mí antes? Eh, autor, atiende bien. No quiero ser una previa. Quiero ser una entrada de esas largas, con programa incrustado y dibujo de Matías Noel. Nada de Francisca Aleñar Chortey. Ponme negritas y cursivas, quiero estar guapa. ¡Ah, y pon hipervínculos también! Sí, ¡ahora mando yo, autor!
¿Imagen de Francisca Aleñar Chortey? ¿Pero qué diablos…?

¿Qué? ¿Cómo? Ah, claro… todo esto realmente son también palabras de quien me escribe. En realidad sigo siendo un instrumento para transmitir sus ideas, sus conceptos y lo que él quiera poner en mi ¿boca?… Bueno, pues la esencia de Niebla consiste en eso: aborda una gran historia escrita por Miguel de Unamuno en la que el protagonista, Augusto Pérez, sufre un poco (y llora mucho) por amor al principio de la trama. Básicamente es lo que se espera de él, como protagonista, ¿no? Sin conflicto no hay novela ni hay nivola ni hay ná de ná. Luego llega y se empieza a plantear dilemas existenciales como el tipejo de El árbol de la ciencia y al final termina reflexionando sobre su propia condición de personaje imaginario. Es uno de los primeros rasgos de metaficción autorreferenciales más importantes de la Historia de la Literatura, y bueno, pues eso es en lo que consiste Niebla, de Miguel de Unamuno.

Es un concepto totalmente revolucionario de escribir un libro, una obra que se convierte justamente en un gran clásico de la Literatura, y que cinco jóvenes lectores (uno de ellos mi autor) analizarán en el podcast La Milana Bonita el domingo 11 de marzo… se saldrán con la suya y yo habré muerto tras la publicación de la siguiente entrada.
Y hasta aquí mi función en la vida, supongo. Seguiré viva mientras alguien me lea, y todos los que me lean antes o después morirán. Poco importa. Y luego dirán que no matan las penas. Solo me queda cerrar con una frase de recibo, aunque no sé si por Unamuno, por mi autor o por mi condición novedosa de entrada autorreferencial en un blog. En cualquier caso:
¡La Revolución ha comenzado!
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