Múltiples caminos para el aprendizaje

A lo largo de la vida una persona atraviesa diferentes etapas, ya sea el paso de la infancia a la adolescencia, las primeras pisadas de la edad adulta o el arrugado tránsito de la vejez. Nadie puede escapar a ese mecanismo perfecto, en el que una persona vive, aprende y madura (a no ser que padezcas el Síndrome de Peter Pan). Precisamente en la novela Demian de Hermann Hesse, su protagonista, Emil Sinclair, navega y naufraga por varias fases, influenciado en primer lugar por el bandolero del barrio Franz Kromer y de forma especial por Max Demian, un joven que se encarga de reinterpretar ciertas ideas y conceptos que Emil nunca hubiera imaginado.
Demian, por Francisca
Emil vive atrapado en varios mundos, aunque sin llegar a los extremos de Mr Hyde, uno de luz y oscuridad, otro de buenas intenciones y fechorías infantiles, de remordimientos y liberación, pero sobre todo de sufrimiento y búsqueda. Un proceso que parece no terminar nunca y al que está completamente vinculado su relación con Demian, que actúa como una figura de la que no puede (o quiere) desprenderse. Pero también hay un personaje femenino clave en el argumento, que abre la puerta a un alto grado de simbolismo y con la que Emil fantaseará su propio ideal de mujer.

La obra abarca tanto, que para comprenderla no se puede omitir el aspecto religioso: la vuelta de tuerca a la historia de Caín, o la presencia de Abraxas, el adorado y temido dios del Bien y del Mal. El abanico de temas es tal, que incluso se encuentra impregnada de las doctrinas psicoanalíticas junguianas, por lo que se convierte en una novela completísima y abierta a un sinfín de posibilidades, donde el límite únicamente lo marca la interpretación de quien lo lee. Una novela de obligada lectura para los amantes de la reflexión y la búsqueda de respuestas para ese proceso de aprendizaje al que llamamos vida.

El próximo domingo en La Milana Bonita habrá debate, eso seguro, porque haremos el análisis (por si alguien todavía lo dudaba) de Demian, un libro profundo y ameno a partes iguales, así que…no hay excusa posible para no acercarse a este incunable de la literatura.
¡La revolución ha comenzado!
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