Interpretaciones terminales

La interpretación de un libro. Ese es nuestro principal objetivo en La Milana Bonita. Siempre desde un punto de vista respetuoso y con toda la ignorancia que nuestra juventud y descubrimiento constante del estratosférico mundo de la literatura nos permite ir conociendo día a día, libro a libro.

Así pues, será complicado anteceder a una presentación de un libro que ha traspasado sus límites pautados en las páginas para convertirse en un manual de fe para unos, una proclama insidiosa de la imagen de Mahoma o un simple libro, con todo lo que los requiebros, vicios y virtudes plasma en la novela un superviviente de las letras, un presunto iluminador en un mundo de sombras, un escriba moderno con muchos enemigos: Salman Rushdie. La obra, sin necesidad de presentaciones más suntuosas es Los versos satánicos (1988).

Ya sabemos lo que supuso para Rushdie pero lo que parece que suele caer en el olvido es el poder de las palabras, la esencia de los diálogos, la fragancia de los sueños, la metáfora de los símbolos. Todo en un libro, nada de diatriba. O esa es al menos nuestra intención primigenia en el tratamiento de un obra tan compleja.

El fulgurante y diferente comienzo con la caída de un avión es la misma sensación que el libro acarrea en todo su desarrollo: la caída de mitos, la apertura de nuevas dudas, de informaciones que hasta ahora eran sabidas por unos pocos y enterrada por otros.

Así que la intención como solemos repetir no es ni academicista ni teológica, es la impresión en los maleables designios de las ondas del curso vital de una obra compleja en su contenido e interpretación pero con un trasfondo literario y social que lo convierte en una obra que más allá de filias y fobias merece una lectura o varias dependiendo de la presteza del lector.

Imagen

Ilustración de Francisca Aleñar

Con las sensaciones ya preparadas sobre el tapete interminable de la literatura les convidamos a compartir ideas, reflejar opiniones y sacar conclusiones (si se puede) con el mayor ingrediente que el progreso nos ha donado: la libertad de expresión.

Quedan invitados pues a un camino inescrutable con relaciones humanas y muchas historias después con la Torre de Londres marcando las palpitaciones de unos protagonistas esculpidos por el comprometido y contestatario cincel de un creador puesto en duda: Salman Rushdie.

¡La revolución ha comenzado!

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