Cantar la verdad tiene su precio

Jack Kerouac con En el camino traza una historia en el que el protagonista no para de viajar. No es que escape de algo, sino que el afán de aventura mueve sus pasos hacia lo desconocido, la aventura por sí misma. Hoy hay un subgénero literario para las novelas de viajes, aquellas en las que los personajes descubren al lector paisajes, pueblos y costumbres lejanas a él. Con El Cantante de Gospel, de Harry Crews, hallamos una novela en la que los personajes tratan de huir de su apesadumbrado destino; encarnado en Enigma, un pueblucho de mala muerte en el estado sureño de Georgia.

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El protagonista, el propio Cantante de Gospel, no surca mares ni recorre continentes para alejarse del cochambroso pueblo que le vio nacer. Quiere pero algo se lo impide. La historia que narra Crews podría ser la inversa de los libros de viajes. El protagonista regresa a su lugar de origen, pese a que todos los ahí presentes se marcharían. Pero sucede que en Enigma todos veneran a El Cantante de Gospel. Un trovador de espirituales, famoso en todo el país mediante largas giras y conciertos televisados, donde las almas de los pecadores no solo se sosiegan unos minutos, sino que llegan a redimirse. El Cantante de Gospel no es un cantante cualquiera, su angelical voz y hermosa presencia, son capaces de salvar a los desdichados, e incluso, de curar a los tullidos.

El ambiente del libro puede saciar a los huérfanos espectadores de la televisiva serie Carnivàle de la exitosa HBO. Me explico. Hay tres relevantes semejanzas. La primera es Enigma, un pueblo sureño habitado por paletos embrutecidos. La segunda, la religión. Paletos y desesperación resultan el mejor caldo de cultivo para la superstición y con ello para el fanatismo. Además tenemos a Dydimus, el representante de El Cantante de Gospel; un apocalíptico cuyo máximo credo se basa en que el dolor nos acerca a dios y, que no dudará en matar para alcanzar su objetivo: salvar al Cantante. La tercera es la más rocambolesca. Al Cantante de Gospel le sigue por sus giras un circo de rarezas o deformes (freaks), liderados por un astuto enano con el “don” de poseer un gigantesco pie.

El Cantante de Gospel es la ópera prima de Harry Crews, un escritor que no pudo ver su obra al español prácticamente hasta fallecer en marzo de 2012, y que tuvo una vida digna de sus libros -para ello lean el original prólogo de Kiko Amat-. Acuarela y A. Machado Libros publicaron poco antes Cuerpo, y a finales del mismo año sacaron esta intrigante novela. De hecho a los castellano-lectores nos queda Crews para rato, puesto que el binomio de editoriales continúa con el proyecto: Biblioteca Crews.

Una novela que trata el poder asfixiante de la culpa como pocos, con una pequeña dama, MaryBell, muerta desde la primera hoja, como paradigma de la pureza mancillada. Culpa, fe y fanatismo van de la mano. Cuando al sediento  se le presenta un espejismo con forma de oasis y, al rato descubre su engaño; su desesperanza puede desatar lo peor que llevamos dentro. No hay nada como la furia del que nada tiene que perder. Por algo dicen que Harry Crews es el escritor de los perdedores. 

Eduardo R. Salgado

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