Galdós llega a La Milana…

Dividida en 40 capítulos y un epílogo, Misericordia refleja la vida cotidiana de las clases modestas de la sociedad madrileña de finales del siglo XIX, haciendo una profunda crítica de la sociedad contemporánea. La novela nos cuenta cómo se crea la ilusión de la realidad a través de las acciones de la criada Benina que, para ayudar el mal momento económico por el que pasa su ama, decide crearse una vida paralela como sirvienta de un sacerdote…o eso es lo que ella le hace creer. ¿Y si el plan de Benina realmente consiste en convertirse en mendiga y ganar dinero a base de la limosa? ¿Es esto posible?

Misericordia nos sumerge en los estratos más bajos de Madrid para contarnos una historia hija de su tiempo y de un escritor que ya tocaba en La Milana Bonita: Benito Pérez Galdós. La novela sirve como excusa para indagar ar en la falsa generosidad burguesa frente al amor desinteresado que demuestra la afable Benina. Como pueden comprobar la premisa nos dará mucho material para debatir, y es que si por algo se caracteriza la pluma de Galdós  es por el filo de sus palabras. ¡Reflexión y profundidad aseguradas!

Misericordia, de Benio Pérez Galdós

¿Se atreven a acompañarnos en el análisis que haremos de este clásico español? ¿Preparados una vez más pare reunir radio y literatura?

Los dejamos con el comienzo de la novela para picar la curiosidad, ¡no sean tímidos!

“Dos caras, como algunas personas, tiene la parroquia de San Sebastián… mejor será decir la iglesia… dos caras que seguramente son más graciosas que bonitas: con la una mira a los barrios bajos, enfilándolos por la calle de Cañizares; con la otra al señorío mercantil de la Plaza del Ángel. Habréis notado en ambos rostros una fealdad risueña, del más puro Madrid, en quien el carácter arquitectónico y el moral se aúnan maravillosamente. En la cara del Sur campea, sobre una puerta chabacana, la imagen barroca del santo mártir, retorcida, en actitud más bien danzante que religiosa; en la del Norte, desnuda de ornatos, pobre y vulgar, se alza la torre, de la cual podría creerse  que se pone en jarras, soltándole cuatro frescas a la Plaza del Ángel…”

¡La revolución ha comenzado!

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