De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère

Las personas somos un torrente de emociones. El amor, la amistad, la alegría, el odio… Son sentimientos que rigen nuestro modo de actuar, nuestro modo de vida y marcan las pautas para medir nuestros próximos pasos. Y muchos, tras las experiencias más intensas que hacen brotar esas emociones, necesitan contar lo sucedido, sacarlo fuera, compartirlo con alguien cercano o, por qué no, plasmarlo en un papel. Hablamos, como no, de escribir una novela que sea eso, un baúl de sensaciones.

El escritor francés Emmanuele Carrére fue testigo de dos episodios muy desagradables. Vivencias que le marcaron, de esas que te agarran desde dentro y no te sueltan hasta que sepas expresar, por un medio u otro, lo que suponen para ti. Por un lado, fue testigo de la muerte de la hija de unos amigos por el tsunami de Sri Lanka de 2004 (del que él salió vivo de milagro). Por otro, vivió el día a día de su joven cuñada, cuya vida fue perdiendo poco a poco la batalla contra el cáncer. A partir de ahí surgió una historia, o más bien varias, algo que debía ser contado y que rápidamente se apresura en explicar, pues en las primeras páginas de su novela De vidas ajenas (Anagrama, 2011) son: ‘Todo lo que se dice en él es cierto’.

Portada de 'De vidas ajenas', de Emmanuel Carrère

Portada de ‘De vidas ajenas’, de Emmanuel Carrère

La novela cuenta la historia de personas humanas que viven en el mundo real y se rigen por emociones humanas. Es la historia de la pérdida que se sufre cuando nos arrebatan a un ser querido. Y de todo lo contrario, de amar a alguien, de una amistad sólida, de sentirse próximo a otra persona. En una primera parte el lector se da de bruces con el tsunami, con la destrucción más salvaje. Y después llega la historia de su cuñada enferma, y cómo afronta ella la muerte, también haciendo frente a la destrucción, pero de otro tipo, más discreta. No obstante, y a pesar de lo que pueda parecer tras leer estas líneas, no es una novela pesimista, simplemente es una novela del mundo real que describe con la cuidada delicadeza de Carrère los torrentes de emociones que rigen dicha realidad.

En sus novelas, Carrère suele hacer mucho énfasis en el hecho de que sus libros son un reflejo de lo que él ha vivido. Así escribió El Adversario, en la que cuenta la historia de un médico que acaba cometiendo un acto terrible; o Limonovsobre un personaje que realmente existió y que le sirve para hablar de la historia de la Rusia contemporánea. Es un escritor atado a la realidad, pero no olvidemos que nos muestra la realidad que él quiere que veamos. Es cuestión de aceptarla o no, pero Carrère hace de la sinceridad su bandera. Los lectores deben entrar en su juego si lo desean. Yo lo hice, y no me arrepiento.

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