La mujer loca, de Juan José Millás

Los seguidores de Millás llevaban varios meses mordiéndose las uñas. El narrador pasaba por un momento de silencio narrativo y solo se prodigaba en los medios de comunicación (La Ser o El País). Algunos comentarios del propio escritor permitían deducir que se encontraba o en un momento de bloqueo o que directamente había dado el paso de renunciar a la ficción. Por esta razón, cuando se anunció que volvería a publicar con Seix Barral después de cuatro años más de uno suspiró ali1400492711_862678_1400494509_sumario_normalviado. Claro, que no sabían que lo que tenía entre manos era una novela falsa.

– Me preguntaba – dijo él – como distinguir una novela verdadera de una falsa.
– ¿Una novela es como un mapa?
– Sí y no. Por un lado, es un territorio autónomo, pero por otro es una representación. En lo que tiene de representación la novela tiene algo de mapa.
– ¿Y todo esto adónde lleva?
– Aún no lo sé. Pero de repente se me ocurrió la idea de que si estoy incapacitado para escribir una novela de verdad, quizá pudiera escribir una falsa.
– ¿Una copia, quiere decir?
– Una copia, sí, una copia que fuera a la novela de verdad…, no sé, lo que la metadona a la heroína.

La mujer loca puede ser una de las propuestas más rupturistas de toda la narrativa del escritor valenciano, quizá también una de las novelas más interesantes escritas en español durante los últimos años y, posiblemente, una de las mejores reflexiones teórico-literarias sobre la hibridación de géneros del último lustro. Sin embargo, su impacto parece ínfimo. Una pena. Espero que de aquí a unos años esta obra vaya tomando peso académico y lector para situarse en el lugar que se merece.

La ficción y la realidad se funden en esta propuesta literaria con un resultado sorprendente. Por un lado, el lector se encuentra con la historia de Julia, una pescadera con brotes psicóticos que por la noche recibe visitas de frases y palabras con problemas que requieren tratamiento médico o, simplemente, ayuda. Así, por ejemplo, socorre a frases como “Yo soy un oración correcto” y “Yo soy una oración incorrecta”, ambas mentirosas compulsivas. Su afición por la gramática está condicionada por una historia de amor con su jefe, un filólogo sin escrúpulos que juega con la pobre muchacha.

Foto de El Humilde Fotero del Pánico (https://www.flickr.com/photos/foteropanico/)

Foto de El Humilde Fotero del Pánico (https://www.flickr.com/photos/foteropanico/)

Julia vive en una casa con una pareja de ancianos. Él es un hombre dedicado al cuidado de su mujer, enferma terminal, y a la meditación. La anciana, Emérita, lucha por conseguir una muerte digna mientras guarda un interesante secreto. Así aparece en escena el propio Millás (narrador-personaje-autor) que tras la publicación de un reportaje en El País sobre este problema social es llamado a la casa para dar voz a la mujer. Millás pasa por una etapa de sequía creativa y percibe que con Julia podría tener material para una buena “novela falsa”, es decir, una novela con apariencia de novela pero que en realidad no es una novela (o algo así). No sigo contando porque todo el mundo debería tener derecho a descubrir esta historia por su cuenta y yo, además, lo cuento mucho peor que él.

Con perspectiva, cuando uno es capaz de volver a trepar por la madriguera, se puede observar el increíble ejercicio de arquitectura narrativa que representa La mujer loca. Millás es capaz de replantear la metaliteratura desde su particular voz narrativa. La eterna frontera intangible que nos permite diferenciar las cosas reales de las imaginarias se difumina en la mente del lector con el paso de las páginas, porque en cierto modo al ubicarse en el mismo plano que el Millás personaje él también sufre ese proceso de desdoblamiento mental. Es decir, Juan José existe como autor, como narrador y como personaje, por lo que si el Madrid de la novela es una representación conceptual de Madrid, qué impide que yo mismo sea la vez lector y personaje de esta novela. ¿Por qué no puedo ser uno de esos viandantes que se han cruzado con Julia?

Los más pragmáticos tratarán de pintar con dos colores los capítulos del libro. Tendrán la necesidad de delimitar lo que realmente ocurre en la ficción, lo que es una representación de la realidad y lo que es solo puro artificio del escritor. Yo me inclinaría por otro tipo de lectura, una en la que todo sea a su vez lenguaje, representación mental y discurso. Así es más divertido.

Anuncios

Comments

  1. Lo leí y no me aportó nada. No sé qué o quién decide lo que se publica o no. Se promocionan libros en los medios que luego defraudan y se tropieza una a veces con otros, de los que no se tenía noticia alguna, que son extraordinarios. Así es.

  2. estoy de acuerdo con el primer comentario, es un libro a mi parecer muy pobre de historia q el autor finje q escribe de otras cosas, como la eutanasia y su enferma terminal o una loca q ve palabras y las desnuda creyéndose medica o filóloga, pero en si solo habla de el, el tema es EL. y termina con un final asqueroso de leer una perdida de todo lo demás leído. q ademas no entiendo si lo escribe en futuro o en suposición, mas bien no perdí tiempo pensando en el libro malo, son mil veses mejor leerse uno de los libros de la torre de papel….

    a y no tiene moraleja.

  3. jacqueline says:

    yo pienso que es mejor leerlo como el autor indica, con representación mental sin delinear lo subliminal de lo real. Así obtienes una mejor vista de la historia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: