“Solo puedes escribir sobre lo que ves”, un homenaje a Frank O’Hara y Woody Guthrie

Agarró su guitarra, su pesada guitarra y comenzó a andar esquivando a la muchedumbre. Había cruzado todo el país, esta enorme extensión de tierras, gente y culturas entremezcladas. Estaba cansado, pero había llegado a su destino. Ante él estaba Nueva York. Allí tenía un amigo, Will Geer, y él, al menos, le daría un refugio donde dormir. Una vez instalado se dedicó a mirar por la ventana. Tanta gente, tantos pasos, tanto agetreo… De repente, por la radio comenzó a sonar una canción: ‘God Bless America’, se titulaba. La cantaba un tal Irving Berlin. “Un momento”, pensó. “Lo que dice esa canción no es ni remotamente cierto”. Y siguió mirando por la ventana, sabiendo de algún modo que aquel observador inquieto estaba a punto de escribir una de las canciones más importantes de la historia del folk americano. Su nombre es Woody Guthrie (Oklahoma, 14 de julio de 1912 – Nueva York, 3 de octubre de 1967), y la canción con la que quiso responder al hipócrita de la radio fue: This land is your land.

En aquella ocasión Guthrie mencionó una frase que pasará a la historia de la música: “solo puedes escribir sobre lo que ves“. Él, Woody Guthrie, y su guitarra, ambos testigos de la realidad de un país muy diferente al que cantaba Berlin en sus canciones, se convirtieron en narradores de la época, aquellos que se encargaban de ser conscientes de lo que veían y reflejarlo en unas letras con melodía que con el paso del tiempo se han convertido en pedazos de historia.

Woody Guthrie y su guitarra

Woody Guthrie y su guitarra

As I was walking that ribbon of highway,
I saw above me that endless skyway:
I saw below me that golden valley:
This land was made for you and me.

 Su vida no había sido fácil. Con apenas 19 años tuvo que dejar Texas (y a su mujer y sus tres hijos) para irse en busca de trabajo a California junto con miles de ‘Okies’ (término con el que se denominaban  a todos aquellos que huían de la miseria de sus tierras natales). ¿El motivo? La Gran Depresión, cuyos efectos se vieron multiplicados en algunos estados por el denominado ‘Dust Bowl’, un periodo de terribles sequías que duró de 1932 a 1939. Un viaje que le marcó de por vida y en el que conoció la cruda realidad de aquellos caminantes en busca, precisamente, de una vida.

Una imagen de Oklahoma durante el periodo de sequías conocido como Dust Bowl en 1936

Una imagen de Oklahoma durante el periodo de sequías conocido como Dust Bowl en 1936

Sometimes the fruit gets rotten
And falls upon the ground,
There’s a hungry mouth for every peach
As I go a ramblin’ ‘round boys,
As I go a ramblin’ ‘round.

 Cuando este ‘cowboy de Oklahoma’ llegó a Nueva York en los 40 y escuchó a Irvin Berlin cantar ‘God Bless America’ (cantar, en definitiva, sobre unos EEUU que no eran los que Guthrie conoció), a casi 350 kilómetros de distancia se encontraba un joven estudiante de piano, dando clases en el Conservatorio de Nueva Inglaterra, en Boston. Este joven con aires de artista no era otro que Frank O’Hara (Baltimore, 27 de marzo de 1926 – Nueva York, 25 de julio de 1966), quien con el tiempo se convertió en uno de los más grandes poetas no solo estadounidenses, sino del mundo entero.

O’Hara también tuvo una vida complicada, pero diferente a la de Guthrie. Tuvo que servir en el ejército estadounidense durante la II Guerra Mundial en el Pacífico Sur. Tras finalizar la guerra, conoció al escritor Edward Gorey, quien fue su compañero de habitación en Harvard, donde pudo estudiar gracias a los fondos reservados para los veteranos. Y allí se empapó de arte, de poesía y especialmente de música, una de sus primeras pasiones. No es de extrañar que alguien tan artísticamente inquieto fuese empleado por el Museo de Arte Contemporáneo (MoMa, en sus siglas en inglés) nada más aterrizar en Nueva York como conservador de pintura y escultura. Ya decía Ortega y Gasset que uno es uno y sus circunstancias. Y las de O’Hara no podían más que tener un devenir artístico.

Frank O'Hara en una foto de 1965 de Mario Schifano

Frank O’Hara en una foto de 1965 de Mario Schifano

Fue en aquella época (finales de los 40 y principios de los 50) cuando empieza a escribir con asiduidad. Se probaba a sí mismo, fueron años de búsqueda, de ensayo y error para configurar un estilo solo conocido por su pluma, pero no por su realidad. Ansiaba una libertad de expresión que no había podido conocer hasta la fecha. Quizás en algún poeta como John Wheelwright. Le influyó la poesía francesa de Rimbaud, el descaro de Pasternack o el futurismo de Mayakovsky. Pero ninguna influencia era suficiente, pues su pluma, como decía, iba más allá. La inspiración es a veces incontrolable, y en Frank O’Hara tuvo un efecto catártico. O’Hara es el poeta de lo que ve, de su realidad, que transformó la ciudad de Nueva York en poeasía y su poesía en Nueva York. Como Guthrie, observó su realidad y la transformó en palabra. Con el tiempo su influencia dio origen a la conocida como Escuela de Nueva York.

También escribía de lo que veía, y es ahí donde radica su arte que, leyéndolo en perspectiva, esta fuertemente vinculado al de Woody Guthrie. Claro que todo depende de hacia donde se mire. Guthrie observaba por la ventana y en el camino. O’Hara miraba dentro de sí, pero también en las calles, en las alcantarillas vaporosas y en las luces de Nueva York. Palabras y colores que conformaron sus versos, con un estilo natural nacido de su propio devenir. Fundó, de hecho, el movimiento literario conocido como ‘Personismo’: “”No me gusta el ritmo, la asonancia, todo eso… Se trata de nervio”.

I am sober and industrious

and would be plain and plainer for a little while

until my rococo

self is more assured of its distinction.

Tuvimos la suerte de que las canciones de Woody Guthrie fueron grabadas y los poemas de O’Hara, recogidos y publicados. Algunos perdidos en cartas a amigos (por suerte las conservaron), otros removiendo cajones y chismes. De un modo u otro, dicha labor ha permitido que obras como ‘The Collected Poems of Frank O’Hara‘ (1995), una recopilación del editor Donald Allen, haya llegado a nuestros días. Y debería ser un libro leído por todos aquellos amantes del arte. Y si no es este volumen, que sean sus Lunch Poems (1964), Love Poems (1965) o Meditations in an Emergency (1957). En cualquiera de ellos encontrarás pintura, música y poesía hilvanadas todas ellas por las palabras del escritor. Ni siquera sé si te gusta la poesía. Poco importa. Pero una cosa está clara: si escuchas a Woody Guthrie y lees a Frank O’Hara comenzarás a ver el mundo de otra forma. Y si no te lo crees, puedes comprobarlo por ti mismo.

‘This Land is your Land’, de Woody Guthrie

Frank O’Hara recitando sus ‘Lunch Poems’

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