La última cacería de Kraven

Cuando alguien me pregunta qué cómic de Marvel le recomendaría, casi siempre la respuesta es la misma: La última cacería de Kraven, del escritor J.M. DeMatteis y el dibujante Mike Zeck. Hablamos de un clásico en toda regla, de lectura obligada y disfrute asegurado. Un cómic protagonizado por Spider-Man, sin que por ello tenga que ser el personaje más relevante de la historia.

Portada original

La última cacería de Kraven es un relato oscuro, extraño y atípico dentro de la línea más tradicional del trepamuros. Un argumento heredero de su tiempo, tras el éxito que habían cosechado las versiones de Batman y Daredevil de Frank Miller y la revisión que Watchmen supuso para el género de los superhéroes. Kraven diseñaba el plan definitivo para destruir al héroe, con la novedad de que esta vez por fin tendría éxito. Spider-Man era derrotado y reemplazado por el cazador para demostrarle que era superior a él en todos los aspectos. Un argumento que ya no nos parece tan novedoso si miramos la reciente etapa de Dan Slott con el personaje y Otto Octavius.

Los comienzos de Kraven se remontan a 1962, nacido bajo el manto del dúo estelar de Marvel: Stan Lee y Steve Ditko, su primera aparición se saldaría con una aplastante derrota. A partir de entonces le costaría mucho abandonar el puesto de malo segundón para pasar a formar parte de la primera línea de villanos junto al Duende Verde, Doc Ock y El buitre. La última cacería de Kraven supone la consagración del implacable y astuto cazador en una historia ya icónica dentro del universo Spider-Man.

Kraven y William Blake

Uno de los valores añadidos de la historia lo encontraremos en las alusiones reiteradas que se hacen al poema El tigre, del polifacético artista británico William Blake. A partir de dichos versos, el escritor construye un relato con la medida justa de drama y tragedia, pero intentando alcanzar ese tono sombrío y realista tan característico de los héroes en los años 80.

“¡Arde, araña, arde
en la jungla de la noche…!
¿Qué ojo o mano inmortal
pudo concebir tu terrible simetría?”

La voz de Kraven nos cuenta su pasado en Rusia, la huída de sus padres y el mantenimiento de su cuerpo a base de pócimas y lociones mágicas. El poema de Blake nos acompaña en todo momento para agrandar todavía más el eco dramático del cazador obsesionado con su presa. El tigre y la araña. Kraven y Spider-Man. El dibujo de Mike Zeck se sale de toda vara de medir para ajustarse como un guante a la historia. Su visión de Kraven es magnífica, incomparable, la mejor para un personaje de su tipo: un gigante rabioso y melancólico tan ágil como letal.

Kraven triunfante ¿o no?

El peso de las obsesiones

Un villano sin héroe carece de sentido, por lo que con su ausencia la existencia de la némesis sería puesta en duda. Una crisis que sufre Kraven cuando vence a Spider-Man y le usurpa su máscara. El cazador pletórico deja paso al hombre cansado y derruido. El héroe agotado da pie a un regreso memorable, a medio camino entre la venganza y la redención. La última cacería de Kraven es una muestra más de la capacidad de transgresión que tiene el género de los superhéroes sobre sí mismo. Kraven y Peter Parker luchan, sufren, mueren y renacen para hacernos pensar sobre el poder de las obsesiones y el valor liberador del honor.

Esta historia tiene lugar originalmente en: Web of Spider-Man Nº 31 y 32, Amazing Spider-Man 293 y 294, Spectacular Spider-Man Nº 131 y 132 USA.

¡A leer!

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