#DebateMilana: ¿Y si desterramos a ‘El Cid’ de la escuela?

Comienza un nuevo curso académico y desde La Milana Bonita queremos repensar la institucionalización del canon en la escuela. Llámennos irreverentes o iletrados (seguramente, tengan razón), pero consideramos que ha llegado el momento de iniciar un debate público sobre el modo en el que se enseña literatura en el colegio

Seguramente “ignorante” e “idiota” serán dos de los calificativos más suaves que se le pasen por la cabeza en estos momentos. No se los voy a rebatir, ¿quién soy yo para ello? Con todo, ruego que me dejen cinco minutos para explicar por qué considero que ha llegado el momento de enterrar cierto legado carpetovetónico (dentro está El Cid, por supuesto) que se ha impuesto durante décadas en nuestra cultura insuflándola cierto aroma rancio. Después de ese ratillo, les permito seguir insultando.

¿Qué sentido tiene recomendar a alguien que no lea algo?

ij00239801Antes de nada, me veo en la obligación de justificar la propia reseña. La crítica literaria durante las últimas décadas se ha cubierto con el barniz de lo políticamente correcto. El oligopolio de ciertas editoriales y la especialización absurda de la filología han hecho que cada vez que alguien se aventura con una crítica literaria negativa (habría que poner muchos matices a este adjetivo) le salten al cuello especialistas que defiendan con uñas y dientes al sujeto de su investigación (su negocio). Pongamos un ejemplo práctico para entendernos mejor. Yo no soy especialista en Literatura Medieval, ni en Literatura Española si me apuran, por lo que lo más normal es que aquellas personas que hayan dedicado su vida al estudio de este periodo pongan en tela de juicio mis argumentos en contra del Cantar del Mío Cid. Al fin y al cabo, ¿quién soy yo para decir esto o lo otro?

Pues bien, aunque me resulta difícil, por no decir imposible, responder a la pregunta sobre “quién soy yo”, hoy sí que me siento con la valentía de afirmar lo que hago. Al menos en estas líneas, intento ejercer la “crítica literaria” con toda la carga y responsabilidad que este noble oficio exige a sus esbirros. A un crítico literario se le pueden pedir muchas cosas, pero hay una que prima y condiciona todas las demás: la honestidad intelectual. Sin esta cualidad, todo su trabajo carecerá de valor por muy culto y erudito que se sea. Por ende, siendo responsable conmigo mismo y con esta labor, considero que es lícito decir a alguien que no lea algo, porque dicha afirmación la hago con completa honestidad dentro de mi subjetividad como lector de las primeras décadas del siglo XXI.

El Cid, ¿mejor en el destierro?

No es mi intención restar ni un ápice del valor que tiene y ha tenido el Cantar del Mío Cid en la Historia de la literatura y para la lengua española. Filólogos y lingüistas, yo invoco vuestra clemencia porque sé que para ustedes puede ser muy interesante, interesantísima, su lectura. Ahora bien, ¿qué valor real tiene hoy en día esta obra para el público general? Y, otra cuestión aún más importante, ¿qué valor tiene para los alumnos de secundaria y bachillerato? ¿Estaría mejor acomodada su lectura en una clase de Historia que en una de Lengua y Literatura?

Vamos a empezar con la última pregunta que considero que es la más sencilla de responder. En mi opinión, la asignatura de Literatura en la escuela debería ofrecer al alumno una introducción a la lectura. Es decir, deberíamos formar lectores críticos y no pequeños historiadores literarios. En mi experiencia, y me imagino que en la de muchos, las clases de literatura muchas veces se redujeron a una nómina de autores, fechas y obras aderezada con la lectura fragmentaria de aquellos textos que el profesor consideraba más importantes. Las obras (es decir, la literatura) servía como una especie de aliño (ejemplo ilustrativo) a lo que en realidad no era más que una clase de historia cultural.

300px-cantar_de_mio_cid_f-_1r_repSi seguimos con este sistema de enseñanza (que considero completamente erróneo en primaria y secundaria), el Cantar del Mío Cid seguirá siendo una lectura obligada. Por supuesto. Se trata de un hito histórico sin precedentes en la literatura nacional. Ahora bien, si queremos dar un cambio a los sistemas de estudios para fomentar la educación en la lectura crítica, me temo que este cantar de gesta no debería acaparar más de un párrafo y cinco minutos de atención en la clase.

Desde mi punto de vista, se trata de una obra completamente ajena a nuestra experiencia como individuos dentro de la sociedad contemporánea. Por un lado, exalta ciertos valores difícilmente asimilables por la modernidad. Por otro lado, los personajes son completamente planos y arcaicos. Habrá quien piense que esta crítica es absurda y que podría aplicarse a toda obra con más de un siglo. Pues bien, no estoy de acuerdo. Observen las tragedias clásicas, a Cervantes o a Shakespeare, ¿dirían que no tienen nada que ofrecer al lector del siglo XXI? Por supuesto que sí, ahí reside su magia. Obras como La Odisea, El Quijote o Hamlet son reflexiones indispensables y constitutivas de nuestra propia idiosincrasia. ¿El Cantar del Mío Cid lo es también? Bueno, espero que no. Seguro que unos cuantos están pensando que no se deben juntar churras con merinas. A ellos les respondo que tampoco es una locura, al fin y al cabo, son ovejas.

Entonces, ¿dejamos de estudiar la Literatura Medieval? No, por supuesto que no. Como ya he dicho sé que el Cantar del Mío Cid tiene un valor filológico inmenso, ahora bien, qué sentido tiene martirizar al resto de los mortales con esta obra. No me malinterpreten, por favor, no soy de la opinión condescendiente de que haya que dar a los adolescentes lecturas a su nivel. Considero que en su casa pueden y deben leer lo que gusten, pero que en el colegio el profesor debe hacer un esfuerzo por acercarles todo aquello que a ellos se les escapa. Ahora, dejando esto claro, ¿no sería mucho más provechoso, por ejemplo, la lectura y comentario de La historia de Tristán e Isolda antes que las aventuras de Rodrigo Díaz de Vivar? Si me responden que no porque consideran que no es parte de nuestra literatura nacional, me temo nada puedo decir. Ese es otro problema (muchos más complejo) que espero poder abordar en un futuro cercano.

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Comments

  1. Muy buen debate el que has abierto (intencionadamente o no). Y también apoyo tu postura de ir quitando el polvo a los libros que se enseñan hoy en día en el colegio.

    Me leí Harry Potter y la piedra filosofal hace muchos años, bastante orgulloso, porque era mi primer libro sin dibujos. Y fue gracias a los temas que conectaron conmigo y que trataba el libro y sus personajes,que pude dar ese salto con gusto. Y, por supuesto, aunque suena a tópico, me permitió disfrutar pocos años después de Romeo y Julieta, La Odisea o La Peste.

    Creo que no es mala idea ir pensando cómo introducir a los más jóvenes a la literatura de forma agradable y didáctica, sin ir a pedrazos.

  2. Yo leí el Cantar del Mío Cid en el Instituto y me encantó. Los primeros versos me atraparon. Ahora soy maestra, y a mis alumnos de 10 años les llevé el poema a clase cuando estudiamos La Reconquista y les leí algunas partes. Les gustó mucho. No entiendo por qué vamos a tener que leer Tristán e Isolda y no El Cantar. Cuando este es parte de nuestra Historia y nuestra Cultura. Se hace referencia a él, hay monumentos y hasta películas de Hollywood. No entiendo el empeño de despreciar nuestra Cultura mientras alabamos otras mucho menos ricas y mucho menos conectadas con nuestras trayectoria como pueblo con un legado muy rico y una mezcla fructífera de culturas.a

    La culpa de que a los niños no les guste leer no tiene nada que ver con que se obligue o no a leer en el colegio. Hasta secundaria no hay lecturas obligatorias de autores importantes. Durante primaria se ofrecen tres libros por curso para que los niños lean. Son libros adaptados a su edad. Hay niños que tienen libros en su casa, padres lectores etc. Pero muchos tendrán su contacto con la literatura en el colegio y es su deber ofrecerles la oportunidad de acercarse a los libros y a libros de calidad. Cuando son adolescentes hay que ponerles en contacto con grandes obras, explicárselas y trabajar sobre ella. Algunas les gustarán, otras no.

    Libros q para nosotros nos parecen más interesantes porque no los leímos en el colegio, porque eran lo diferente, resulta q son las lecturas obligatorias en otros países y los alumnos tienen la misma sensación. Es la idea de obligatorio lo q hace q se rechace, no los libros en sí. La forma en la que se presenta, se trabaja en el colegio. Pero igual que hay gente que no les gusta las matemáticas, la música o las biología.

    Yo me alegro de haber leído en el cole muchas obras, El Lazarillo de Tormes, por ejemplo. Los cuentos del Conde Lucanor, La Celestina , los poemas de Quevedo, Las novelas ejemplares de Cervantes, Romancero Gitano , La Casa de Bernarda Alba, La vida es sueño y Cien Años de Soledad, Miguel Hernández, dejaron una huella muy grande en mí. Los leí gracias a que tenía que hacerlo para el colegio. Son de mis obras favoritas. Leí otras muchas que también me gustaron y otras tantas que no, como La Colmena (Horror de los horrores) . Igual que he leído libros que no me han gustado por mi cuenta o en el club de lectura.

    Gracias a que todas estas obras fueron lectura obligatoria descubrí autores que de otra manera no hubiera leído, tuve la oportunidad de que me los explicaran, que me ayudaran a apreciar su valor. Y a enriquecer mi bagaje lector, estimular mi interés por conocer más.

    Su hay niños que odian o no les interesa leer, no es por culpa del colegio. Es culpa de una sociedad que no valora la cultura, no valora el esfuerzo, en la que la mayoría de la gente no lee ni un libro al año ( cómo van a leer sus hijos) en la que leer es de raros.

    La queja que sí tengo yo, es la prácticamente nula presencia de escritoras en los libros de texto españoles. Ni Carmen Laforet, ni Matute, ni Gabriel Mistral , ni muchas otras autoras en lengua española están presentes en las aulas españolas. Cómo no lo están científicas ni mujeres importantes en la Historia. Este machismo imperante y vergonzoso que silencia e invisibiliza a la mitad de la población es el que debería ser desterrado de las aulas y no el El Cantar del Mío Cid.

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