‘Karnaval’, de Juan Francisco Ferré: una incursión en el discurso tribal del poder, del capitalismo y del machismo

Uno de los grandes debates artísticos de los siglos XX y XXI es el que reflexiona sobre la relación entre la literatura y la ideología. Las posturas enfrentadas se han movido y se mueven en los extremos: por un lado, están aquellos que tratan de desligar al arte (y a la crítica) de cualquier intención política (para ellos, si una novela por ejemplo se posiciona ideológicamente, pierde calidad literaria); por otro lado, nos encontramos los que consideramos que es imposible establecer una línea divisoria entre la ideología (una manera de entender el mundo) y el arte (un discurso interpretativo del mundo). Es cierto que se pueden dar casos en los que el posicionamiento sea más o menos ambiguo, incluso hay obras sin ningún tipo de intención política… Ahora bien, ¿es posible que exista una narración desligada de un concepto amplio de política y, por consiguiente, de ideología? Y, en segundo lugar, ¿un marcado posicionamiento por parte de la “narración” (que no del narrador) resta valor artístico a la obra?plantCULPABLES.qxd

Karnaval (Premio Herralde 2012) de Juan Francisco Ferré es un buen ejemplo de cómo la novela denuncia (por categorizarla de alguna manera) puede codearse con la alta literatura, aunque a muchos les cueste reconocerlo. A fin y al cabo, asumir una postura como narrador ante algunos de los males endémicos del Occidente capitalista posee una fortísima carga estética basada en la deconstrucción de nuestras creencias más profundas:

Cada cultura nacional y la vida cotidiana que se le asocia conforman una red inconsútil de hábitos y prácticas cotidianas, integrando una totalidad o un sistema imperceptible para sus miembros, nativos o advenedizos. Es muy fácil, entiende esto, no te rías, es muy fácil quebrantar esos sistemas culturales basados en la tradición, sistemas que se extienden a la manera en que la gente vive en sus cuerpos y usa el lenguaje, así como al modo en que se tratan unos a otros y a la naturaleza (pág. 134).

La novela de Ferré se centra en un personaje a caballo entre la realidad mediática y la ficción individual: el político socialista francés Dominique Strauss-Kahn. Defenestrado de sus posiciones de poder hace ya unos años, para muchos ya solo es un vago recuerdo, pero esto no nos puede hacer olvidar que hace no mucho esta persona ocupó algunos de los cargos más importantes de la política internacional (director gerente del Fondo Monetario Internacional y candidato, por poco tiempo, a la presidencia francesa).

Karnaval comienza con el suceso que finalmente hundió a Strauss-Kahn: la agresión sexual el 14 de mayo de 2011 a una trabajadora del Hotel Sofitel de Nueva York. Pero este acontecimiento no es la viga central de la novela (como algunos han insinuado), ni mucho menos. La violación es el punto de partida que utiliza Ferré para empezar a hilvanar el relato que construye ante el lector a uno de los personajes más poderosos de la primera década del siglo XXI.

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Para ello, reflexiona sobre el heteropatriarcado, sobre el capitalismo, sobre el sistema bancario, sobre la política contemporánea, sobre el poder, en definitiva, sobre el ser humano en el siglo XXI. La narración se adentra en el fango sin permitirse ni una mínima concesión con el lector, que se ve arrastrado por una novela fragmentaria, caótica y sin un punto de vista definido. No es una lectura fácil. Tampoco una novela agradable. Es una narración posmoderna de los tiempos que vivimos, repleta de contradicciones y con una fuerte carga estética basada en la escatología más baja y en los referentes culturales más altos. Por todo ello, me es imposible no recomendarla.

El dios K tiene una cita con la muerte en Times Square. Él mismo la ha concertado. Ha elegido morir así. Los tiempos también lo han designado como la víctima propicia para el sacrificio humano que necesita esta convulsa época. Quizá, como piensan algunos de los que acuden esta noche a la cita, un gesto ancestral de este tipo logre calmar el alboroto y el frenesí de los mercados, o les proporcione la sangre que necesitan para no perecer de sed e inanición (pág. 507).

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