#DebateMilana: El informe de 2017 sobre la lectura en España, un relato surrealista

La semana pasada corrió como la pólvora un titular alarmista descontextualizado: “¡¡En España 4 de cada 10 personas no leen un libro al año!!”. Yo en mi casa me frotaba las manos. “¡¡Carne fresca para La Milana!!”, pensaba. Sin reflexionar mucho, me armé ante el espejo con un libro de Crepúsculo en la mano. Grité alguna consigna edulcorada: “Leer nos hace mejores personas”; “Leer nos permite vivir más vidas y viajar a lugares inhóspitos”… Y, hecho todo este ritual, me lancé a la calle dispuesto a convertir a mi religión a esas cuatro de cada diez personas.

Entonces, mientras caminaba en busca de esos individuos que debían abrazar la fe (la única fe verdadera que nos convertirá a todos en bellísimas personas) me percaté de dos cosas: 1) No tenía ni puta idea de quiénes eran los que no leían (todos parecían igualmente diferentes); 2) Había más atribulados fanáticos que como yo trataban de atraer a los infieles al seno de la madre Literatura. Me llamó especialmente la atención un hombre enjuto que lloraba apesadumbrado frente a una librería. Era patético. Cada vez que pasaba alguien se frotaba las lágrimas, se erguía y le escupía en la cara. “¡Lee, memo!”, les gritaba.

 Yo, por curiosidad y seguramente por algo de masoquismo, pasé por delante para saber si él era capaz de distinguir a los lectores de los no lectores. Pues bien, adivinad qué pasó: exacto, me escupió en la cara. Iba a haberle gritado que yo era un adscrito a sus creencias, pero cuando abrí la boca su salivazo se fundió en mi boca y las ganas de vomitar me obligaron a salir corriendo.

Apesadumbrado volví a casa, puse la tele para ver una serie y me quedé dormido en el sofá… Ahora, estoy pensando seriamente en ser apóstata. Pero no puedo. Me gusta leer, de verdad, me lo paso bien. No creo ser mejor persona que los otros cuatro que no leen. De verdad, me da igual. Si no leen, pues nada. ¿Quién soy yo para moralizar algo tan divinamente frívolo como puede llegar a ser la lectura? Dios, me sentiría mucho más cómodo siendo un disidente en una de esas distopías en las que los libros están prohibidos. Eso sí que sería bonito: Luchar contra el pensamiento hegemónico a través de la Literatura.

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El problema es que al final, esos cuatro que no leen siguen siendo minoría en nuestro país y yo, no sé por qué, me suelo poner del lado de las causas perdidas. Soy un pecador, por Cervantes y Shakespeare. Soy un pecador. Menos mal que aún puedo exprimir un poco la Literatura que hay dentro de mí para expresar la jodida paradoja que… (no sé cómo seguir sin caer en el topicado literario del “me está devorando por dentro”).

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Comments

  1. Mientras ustedes sigan adoctrinando con La Milana, yo seré una fiel y feliz acólita.
    Menos mal que ya no queda nada para la octava…

  2. María Gómez-Acebo Palenque says:

    Empezáis el día de mi cumpleaños!!! Menudo regalo.🎂
    Lo espero para poder seguir las recomendaciones y referencias a los libros…además con vuestros comentarios lo disfruto mucho más.

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