‘Mac y su contratiempo’, de Enrique Vila-Matas: la repetición desde el absurdo

Tras terminar la última novela de Enrique Vila-Matas, Mac y su contratiempo, he sentido que ya había leído aquel libro antes. Puedo ser un paranoico, o simplemente un lector demasiado empático, pero todo en el libro me ha parecido repetido. Repetido y circular. Circular e infinito. Infinito y mortal. En esta nueva novela del escritor barcelonés el protagonista principal vuelve a ser un mortal fracasado. Un fracasado sin voluntad que está más cerca del editor frustrado de Dublinesca que del escritor imposible de Aire de Dylan. A Mac, primera voz en el libro, le interesa la imposible originalidad en la literatura: solo concibe el arte mediante el ejercicio de repetición. Y la repetición se convierte en su obsesión.

Vila-Matas nos narra cómo esta obsesión va arrastrando a Mac, poco a poco, a un viaje a la locura. Un viaje en el que le acompaña Walter, que es el nombre del protagonista de una novela que escribió un vecino de Mac hace muchos años y que por una extraña razón él pretende reescribirla. Así, el libro se convierte es una especie de juego de muñecas rusas en el que todas las historias son idénticas, pero en el que extrañamente cada una contiene al resto. Llegado a este punto, tengo la extraña sensación de que me estoy repitiendo. ¿No habrán dicho ya lo mismo que yo, punto por punto, otros críticos con anterioridad?

Por ejemplo, tiempo atrás (el 10 de febrero) otro crítico llamado Nadal Suau, en El Cultural, ya habló sobre la novela de Vila-Matas y la definió como un juego literario con piruetas. Yo, si tuviera que reescribir esa reseña cambiaría la idea de “pirueta” literaria, por la imagen del equilibrista, porque Vila-Matas impresiona desde la sobriedad. Como he dicho ya (perdón si me repito), Mac durante toda la novela (que se presupone que es su diario) va reescribiendo con la sobriedad del principiante la novela de su vecino, titulada Walter y su contratiempo.

Dice Nadal Suau al respecto: “El libro original son diez relatos encabezados con citas de los autores a los que Sánchez (el vecino escritor de Mac) imita en cada uno de ellos (Cheever, Bjarnes, Hemingway, Carver, Malamud, Schwob, Rhys, Poe, etc.)”. Si yo tuviera que reescribir la reseña de El Cultural, dejaría la oración “el libro original son diez relatos”. Me gusta pensar que la novela reescrita es la original, que todo lo demás, incluso esta reseña es repetición.

Pero todo esto son conjeturas, porque yo no voy a reescribir (repetir) la reseña de El Cultural (que en el fondo no hace otra cosa que repetir Mac y su contratiempo, que no es otra cosa que la repetición de Walter y su contratiempo, que no es otra cosa que una repetición literaria de la filosofía de Kierkegaard). En todo caso, si lo hiciera, si repitiera esa reseña, les aseguro que daría a guardar porque no me gustaría que se quedara inacaba y me tocara volver a

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