Una vocación imposible, de Juan José Millás: cartografía de la psique humana

Vayamos al grano. La publicación de Una vocación imposible, de Juan José Millás, confirma lo que ya muchos sabíamos: el escritor valenciano es uno de los mejores cuentistas contemporáneos dentro de la narrativa en castellano. Una afirmación de este tipo siempre es arriesgada, pero en las próximas líneas voy a tratar de justificarme con dos argumentos.

El cuento y las formas psicológicas

Explica Enrique Anderson Imbert en su fantástico ensayo Teoría y técnica del cuento:

“La forma artística del cuento es proyección de una de las formas psicológicas del cuentista; y como el cuentista es una persona que cuenta para entretener a otra podríamos generalizar más y decir que la forma artística del cuento es proyección de una de las formas psicológicas de toda la especie humana”.

Leída esta cita me veo en la obligación de responder qué entendemos aquí por “formas psicológicas”. Es difícil dar una definición concreta de este término, sin embargo, se puede poner varios ejemplos que nos ayudarán a comprenderlo mejor. Imbert habla de “formas/funciones” psicológicas como una categoría en la que se podría enmarcar el deseo, el temor, la sorpresa, el placer, etc.

Pues bien, Juan José Millás, con esta antología, repasa toda la paleta de colores que conforman las formas psicológicas humanas. Destacan la ansiedad y la soledad, como dos tonos que colorean cromáticamente las páginas del tomo, aunque lo cierto es que hay mucha más variedad, podemos incluso encontramos algunos relatos que resultan ser rayos luminosos de esperanza y felicidad.

El relato de Millás se constituye así como una especie de cartografía de la psique humana. No se trata de dibujar una anécdota que sorprenda al lector, ni siquiera a un personaje original, todo (incluso los personajes originales y las anécdotas) se escriben en función de una totalidad que apuesta por la comprensión de la incomprensible condición humana. Dice Imbert: “Nuestro interés por la vida se ha convertido, pues, en el interés por el cuento”. Millás es una buena muestra de ello.

La realidad suspendida

Ya hemos argumentado por qué, temáticamente, la obra de Millás es fundamental. Veamos ahora qué aporta su estilo. La escritura de Millás se mueve entre el periodismo y la literatura, entre la realidad y la ficción. El escritor valenciano siempre escribe sobre lo mismo, solo cambia el contexto de enunciación y, a veces, los lectores. Así, si se compara la colección, también editada por Seix Barral, de Articuentos completos (compilación de una gran parte de sus textos periodísticos) y esta Una vocación imposible, el lector se percatará de que se encuentra ante el mismo libro. Uno es reflejo del otro, pero no sabemos (eso es imposible) cuál es el original. Ambos se ubican en una especie de realidad suspendida. La pluma de Millás se mueve en la cotidianidad del surrealismo con un estilo conciso, carente de alharacas (cercano al periodismo), pero con el virtuosismo expresivo de la mejor literatura.

Una vocación imposible reúne con acierto toda la trayectoria cuentística de este excelente narrador. Este es un libro compuesto por muchos libros. En su interior, nos podemos encontrar Primavera de luto, Ella imagina, Cuentos a la intemperie, Cuentos adúlteros desorientados y Los objetos nos llaman. Entre el primero y el último hay 19 años de diferencia. Sin embargo, el lector puede empezar en cualquier punto de esta antología ya que todos los cuentos son el mismo cuento y, pese a esto, ninguno le defraudará.

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