Ser petirrojo

Dicen los irlandeses que, si bien es cierto que los ingleses les dieron la lengua, ellos a cambio les dieron la literatura. No cabe duda de que Irlanda es una tierra que nos ha brindado muchos de los más grandes escritores. Algunos muy conocidos, como Joyce, Bram Stoker u Oscar Wilde; otros, no tanto, como Sheridan Le Fanu o Liam O’Flaherty (al menos no son protagonistas de las conversaciones literarias más habituales). La lista puede ser interminable. Algún secreto han de tener en la Isla Esmeralda para tener tantos y tan buenos autores. Quizás es la experiencia de un pueblo con siglos de historia propia, sin adulterar, cuya tradición ya lleva recorridos dieciséis siglos.

Irlanda

Tuvieron su propio alfabeto, el ogham (utilizado en las inscripciones de los monumentos de piedra), algo digno de elogio, no cabe duda. ¡Incluso tienen su propio Aquiles: Cú Chulainn! Y por supuesto, cuentan con su propia lengua: el gaélico. Lengua oficial hasta ser conquistados por los ingleses en la Edad Media y símbolo del orgullo patrio. Un idioma que utilizó O’Flaherty en la mayoría de sus grandes obras y que ni siquiera su padre quería que hablase. Pero tras haber vivido una Primera Guerra Mundial, una revolución y posterior guerra civil, un exilio y un retorno al que fue su hogar, ¿acaso se iba a privar él de utilizar su auténtica lengua?

De su amor por el gaélico y por su tierra nació uno de los más bellos cuentos de relatos que he podido leer: Deseo (Nórdica), obra que se publicó en 2012 por primera vez fuera de Irlanda y traducida directamente de la lengua irlandesa. Dúil en su título original, recoge 18 relatos de O ‘Flaherty, todos ellos con un hilo conductor en común: el deseo. Ese sentimiento de necesidad y atracción, muy humano y animal; que en ocasiones es trágico y en otras hermoso, que bien nos puede jugar una mala pasada o llenarnos de brío. Cada relato, desde el primero, que da título al tomo, hasta otros como ‘La Roca Negra’, ‘El Halcón’ o ‘Pobres gentes’; son descripciones de la más humana realidad, de la relación con la naturaleza, del poderío de las olas y la tranquilidad de los bosques, de la lucha por la supervivencia… todo ello regado con un muy cuidado y lírico uso de la palabra. La prosa de O’Flaherty te traslada a paisajes lejanos y llena de melancolía con no pocas dosis de humor y optimismo, lo que equivale a una buena descripción del espíritu de los irlandeses, siempre ávido de buenas historias.

Portada de 'Deseo' (Nórdica, 2012)

Portada de ‘Deseo’ (Nórdica, 2012)

Para aquellos que quieran ver a O’Flaherty en la gran pantalla, el director John Ford llevó al cine su obra El delator. Pero ya saben que siempre es mejor sumergirse en las páginas. El poeta irlandés Seán Ó Riordáin, ya fallecido, comentaba lo siguiente sobre la obra de O’Flaherty: “Si se sostiene un petirrojo y se le siente temblar entre las manos, se sabrá lo que yo sentí al leer a O’Flaherty en irlandés”. No he podido encontrar una descripción mejor. Puede que me haya dejado llevar por el entusiasmo, pero… ¿quién no lo hace tras disfrutar de una gran obra? No hay cabida para la recomendación, solo queda ser petirrojo.

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