Zumo de realidad

Son diecinueve reportajes, ni uno más ni uno menos. Diecinueve ejercicios de periodismo, diecinueve ejemplos, diecinueve historias. La selección es heterogénea y, según dijo Juan José Millás, el único criterio que primó a la hora aunar este complejo conglomerado fue la atemporalidad de los reportajes. Lo consiguió. El libro se sitúa en el extrarradio de la actualidad; ahora bien, también se emplaza en el centro de la vida cotidiana, de la rutina, del día a día. Merkel, la crisis, la prima de riesgo, el Atlético de Madrid, el Fútbol Club Barcelona, Wert… Nada de esto importa, son meros aderezos a la vida real de los diecinueve protagonistas. Cada reportaje es mejor que el anterior, ninguno decepciona. Quizás, el único elemento disonante sea el prólogo firmado por Ángel Gabilondo (demasiado tópico y manido para lo excepcional y extraño del autor).

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Vidas al límite

Juan José Millás

Seix Barral. Biblioteca Breve

2012, 1.ª edición

Pese a lo que se piensa hay muy pocos escritores y periodistas. Es cierto que hay literatos que colaboran con periódicos, pero no ejercen el periodismo; es cierto que hay periodistas que alguna vez se animan a redactar un libro, pero no son escritores ya que no labran una voz narrativa propia. Estos virtuosos de la pluma se cuentan con los dedos de la mano: Capote, Azorín, Baroja, Larra, Miller, Corpus Barga, Reverte y, seguramente, un corto etcétera entre los que se encuentra Juan José Millás.

Vidas al límite no es un largo reportaje de investigación al estilo anglosajón heredero del nuevo periodismo. Más bien, son ejercicios profesionales de investigación y síntesis, términos que muchas veces no conjugan bien juntos. Póngase el ejemplo de “Ciego por un día”. El periodista valenciano quería mostrar la vida de un ciego, denunciar su falta de medios, investigar sus problemas diarios y para ello decide ponerse un antifaz y acompañar a una invidente en su rutina. No es este el típico periodismo de investigación cinematográfico y sensacional (a veces, sensacionalista) de las grandes películas, sino que es un trabajo de documentación minucioso para hablar con “conocimiento de causa”. Se podría decir que es algo así como la aplicación del método Stanislavski al trabajo de un reportero.

“La trinchera contra el cáncer” en el que Millás sigue durante dos jornadas a Josep Baselga, coordinador de oncología en el hospital Valle Hebrón, o “El horror en Sierra Leona” son visiones críticas, dolorosas e insumisas con la actualidad, pero muy pegadas a la realidad. Ahora bien, si hay un texto que subyuga y acongoja al lector es “Son 15 minutos. Dejas de respirar. Y fuera” (simplemente volver a rememorarlo para esta reseña me ha vuelto a poner la carne de gallina).

En este reportaje, el escritor narra la preparación que hace Carlos Santos Velicia para su suicidio programado antes de que la enfermedad degenerativa que tiene le lleve a perder facultades motoras e intelectuales. Es fácil que en una primera impresión los lectores críticos crean que lo que buscar el periodista es el morbo, ni mucho menos. Juan José en este caso trata de exponer una realidad ocultada, alegal, relevante para muchos y desconocida para una gran mayoría. Su párrafo final resume a la perfección la tensión del texto: “Al día siguiente, a primera hora de la mañana, otro voluntario de Derecho a una Muerte Digna telefoneó al hotel para advertirles sobre lo que se encontrarían en la habitación 511. La prensa, como es habitual en estos casos, no dio cuenta del suceso. La muerte de Carlos Santos Velicia, de no ser porque él quiso que quedara testimonio de ella, solo habría servido para engordar el cajón de sastre de las estadísticas de suicidio. Carlos Santos Velicia tiene siete sílabas, así que, de ser un verso, sería heptasílabo”.

Se caracteriza la obra de Millás por ser un reto para el lector. Asume el día a día como una naranja que tiene que ser exprimida. El zumo a veces es amargo, otras veces dulce. Si escribe rápido como en sus contras en El País puede tener grumos, si lo hace con mimo (como es habitual) sirve una bebida literaria riquísima. Lo que está claro es que, de una manera u otra, el zumo siempre es natural.

Notas

1. Si prefiere leer algo de narrativa de este mismo escritor, no te pierdas el análisis que hicimos sobre una de sus mejores novelas: El mundo.

2. Con un poco de paciencia se pueden encontrar todos los reportajes en la página de El País. No obstante, el libro electrónico tiene un precio muy asequible y es cómodo (menos de un euro).

Por Víctor Gutiérrez Sanz

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