Valentía, talento y Shakespeare

Cuando estamos ante una adaptación, los miedos a que no respete la obra original son mayúsculos. Todo es una cuestión de lenguajes, de saber adaptar lo que estaba pensado para un medio en otro. Muchos directores han sabido llevar novelas a la gran pantalla, aunque otros tantos se han quedado por el camino… También numerosas obras literarias han dado el salto a las viñetas, con mejor o peor resultado. Pero solo algunos valientes se han atrevido a convertir una obra de William Shakespeare en cómic. Tarea nada fácil a la que no solo le puede servir la valentía, sino también el talento, mucho talento, como el que destilan Jordi Sempere y Josep María Polls. Estos dos “locos” del tebeo han creado su propia versión de Macbeth, en un volumen homónimo que no decepciona. Uno de los contemporáneos del poeta inglés, Ben Jonson, aseguró que Shakespeare “no pertenece a una sola época, sino a la eternidad”. Profecía que se cumplió, como se cumplieron las temibles palabras que las brujas susurraron a Macbeth.

Portada de Macbeth

Portada de Macbeth

Por lo pronto, la adaptación de Polls y Sempere cuenta con unos ingredientes que la hacen destacar por encima de otros cómics. El dibujo de Sempere es lo primero que entra por los ojos, y es que el autor ha sabido trasladar con inteligencia y sin demasiados adornos innecesarios el mundo sombrío y desdibujado de esta tragedia. Además, cuenta con las recreaciones a lápiz de las estatuas de Chillida, que casan perfectamente con el paisaje de la obra original. Y es que Macbeth habla de las pasiones humanas más violentas, de la traición y de la ambición desmesurada, de la sangre por el poder. Por ello, cada viñeta refleja la transformación de un valeroso Macbeth en un tirano asediado por sus pesadillas, con un bonito juego por parte de Sempere entre la acción principal y los oscuros pensamientos que atormentan al protagonista. Cabe destacar además el color de Anna Ruiz, que juega con los tonos grises y marrones más apagados en contraste con colores vivos como el rojo. Un color, el de la sangre, que destaca por encima del resto y hace saber al lector que se encuentra ante una obra en la que las pasiones más terribles saltan a la vista.

Por su parte, Polls no ha querido trasladar letra por letra los textos de Shakespeare. Y ha hecho bien, porque cada lenguaje es un mundo y no tienen que coincidir así, ni mucho menos de manera forzada. Por ello, no se trata de la obra de Macbeth “con dibujos”, sino de una adaptación mayúscula. Aquellos que hayan leído el original sabrán reconocer los pasajes en los que el guionista respeta al poeta, pero también aquellos en los que, con acierto, hace acopio de su talento y lleva al lenguaje del cómic, al de los bocadillos, las traiciones de Macbeth. Pocos locos se han atrevido con Shakespeare, y uno de ellos fue (precisamente con la misma obra) Orson Welles. Sin ánimo de comparar a Sempere y Polls con Welles, ya que ellos tampoco lo querrían, solo me queda añadir que los genios suelen arriesgar sin preocuparse por el resultado y dejándose llevar por su instinto, y con el tebeo Macbeth pueden estar más que orgullosos.

Notas:

Blog de Jordi Sempere con una muestra de las páginas del cómic

Ficha de ‘Macbeth’

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