¿Periodismo?

En pleno año electoral en España, uno consume más prensa que nunca. De uno u otro color. Quieres conocer perfiles, descubrir noticias frescas, que parecen brotar como si de un huerto se tratase, o estudiar los análisis que hacen los periodistas. Además, si va en el oficio, te fijas en otros detalles. Por eso de que uno es más crítico con lo suyo, y no tarda en salir a flote cierto deje narcisista y el típico comentario: “yo esto lo hubiese hecho mejor” o “jamás hubiese dicho esto o aquello”. Lo cierto es que el que firma es otro, y es él o ella el que se expone. Pero claro, esa mirada crítica te hace ver cosas que no cuadran con la visión romántica que te enseñaron en la universidad. Más bien lo que lees es más similar al periodismo que describe Valle-Inclán en su maravillosa obra Luces de Bohemia“el plumífero parlamentario“, los llama. Además, las tertulias televisivas no ayudan demasiado, más parecidas a la deleznable prensa del corazón que tan hipócritamente se suele criticar: mensajes vacíos, búsqueda de la risa fácil, poco análisis, ningún tipo de complejidad y, lo que más enerva, tratando al espectador de idiota. ¿Qué le pasa al periodismo?

Portada de Número Cero (Lumen, 2015)

Portada de Número Cero (Lumen, 2015)

Con esto en mente descubro un día que Umberto Eco (Alessandria, Italia, 1932) va a sacar una nueva novela que, para más inri, trata sobre periodismo. La mirada entre pilla y perspicaz del escritor italiano, que parece mirar a la realidad siempre con los ojos entrecerrados, como con gesto de sospecha, siempre me ha encandilado. Por ello, esta última obra, titulada Número Cero (Lumen, 2015), se convirtió en mi prioridad número uno, irónicamente. Lo reconozco, siento cierta debilidad por Umberto Eco. Me parece uno de los mayores pensadores vivos que la humanidad puede disfrutar. Ya en mi juventud me fascinó, como a tantos, El nombre de la rosa (1980), y después llegó El Péndulo de Foucault (1988) o una de sus más recientes, El cementerio de Praga (2010)Embelesado por todas ellas después acudí a sus ensayos, más sesudos, más exigentes con el lector y siempre desprendiendo una ingente cantidad de conocimiento.

Muchos le han criticado a Eco que escribe para sí mismo y no para los lectores. Puede ser cierto, pero esto lo veo como una ventaja. ¿Acaso no se conoce mejor a nadie más que a uno mismo? Pues disfrutemos que la pluma del italiano sea sincera, sin ánimo de embaucarnos con trucos extraños. Ahora, al grano. Número Cero cuenta la historia de Colonna, protagonista de esta historia que, abandonado por su mujer por ser “un perdedor compulsivo” y sin nada mejor que hacer en la vida, recibe en abril de 1992 la llamada de Simei, quien le propone formar parte de un nuevo proyecto: el periódicoDomani’. Sin nada que perder acepta, y acude a una primera reunión en la que, junto con otros seis redactores, averiguarán qué se propone Simei. ‘Domani’ es una suerte de periódico que basa sus noticias en mentiras, engaños, medias verdades, suposiciones y mucha, mucha imaginación. Su dueño es el ‘Commendatore‘ (¿Berlusconi?, que lo deduzca el lector), quien en aras de codearse con las altas esferas quiere meter un poco de presión mediática.

Umberto Eco

Umberto Eco

“Nuestro lector no lee libros pero le gusta pensar que hay grandes artistas extravagantes y multimillonarios; tampoco verá jamás de cerca a la diva de piernas largas pero, aun así, querrá saberlo todo de sus amores secretos” Simei, director de ‘Domani’

La clave de todo reside en lo que sus lectores quieren leer, o lo que creen que quieren leer. En eso se basa todo y así es como Colonna, Simei y el resto del equipo tendrá que trabajar. Así comienza todo un puzle que solo alguien como Eco sabe plantear. Un juego de intrigas en las sombras del poder e impreso con tinta en un periódico que no es periódico. Ya puede estar atento el lector. Los tejemanejes de la CIA, el Vaticano y el fantasma de Mussolini son algunos de los temas que aparecerán en Número Cero a través de las palabras de uno de los autores que mejor conocen la Historia, cualidad imprescindible para juzgar la actualidad.

No obstante, con este libro me ha pasado algo que no me había ocurrido antes. Es demasiado corto, de una manera en cierto modo hasta forzada, o eso me ha parecido. La cuestión es que todo parece  condensado en exceso y el final te lo encuentras de golpe. Más bien te das de bruces con él. La sensación al cerrar el libro es que no es una novela redonda, aunque puede que no esté siendo objetivo, porque al fin y al cabo solo quiero seguir leyendo a Eco. Porque la trama y los personajes lo merecen. Porque te atrapa y rezuman sabiduría. Y los lectores atentos, como los que leen prensa, saben reconocerlo, como sabrán reconocer en Número Cero la bofetada que le da el escritor italiano al periodismo actual.

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