Naturaleza o Barbarie: regreso al mundo de ‘El Señor de los Anillos’, de JRR Tolkien – Entrega II: ‘Las Dos Torres’

Si por algo destaca la obra de JRR Tolkien es porque es todo un despliegue de detalles. A lo largo de sus libros reparte un sinfín de pequeñas pinceladas que en su conjunto conforman un fresco maravilloso. Por este motivo continuamos con nuestra serie de reseñas y, tras La Comunidad del Anillo llega el turno de Las Dos Torres, segundo libro de la trilogía de El Señor de los Anillos.

Las-Dos-Torres-port

 

La aventura continúa

Cabe recordar que esta segunda entrega se publica por primera vez en su versión original en 1954, y la traducción al español, en 1979 para Ediciones Minotauro. Pues bien, quizás uno de los aspectos más interesantes de este tomo es su estructura. Como es sabido, ‘El Señor de los Anillos’ en realidad está dividido en seis libros, siendo el III y IV los que conforman ‘Las Dos Torres’. Se trata, por tanto, de la parte central de una larga historia, y esto se puede atisbar en su abrupto inicio y final. Al fin y al cabo, Tolkien siempre planteó El Señor de los Anillos como un solo libro, tal y como señalamos en la primera entrega de esta serie de reseñas. Los editores le propusieron partirla en tres, con el correspondiente reparto de los libros que conforman cada tomo, y fue el propio Tolkien quien decidió los títulos de cada entrega de la trilogía. Las Dos Torres se titula así porque su acción se desarrolla principalmente en los territorios situados entre los dos baluartes del enemigo: la torre de Orthanc, punto central de la fortaleza de Isengard; y Barad-dûr, hogar del señor oscuro Sauron. Pero vayamos por partes.

Ese comienzo abrupto nos sitúa en el punto exacto en el que termina La Comunidad del Anillo, que es en plena desintegración del grupo que partió de Rivendel. Y he de decir que como lector siempre agradecí esa precipitación de los acontecimientos, porque si recordamos exactamente cómo termina el primer tomo, esto es con Frodo y Sam huyendo en una de las barcas élficas cedidas por Galadriel, pero también con el resto del grupo en problemas. Los tiempos vuelven a ser claves en la lectura de El Señor de los Anillos, y es que el pobre lector de la época no supo hasta un año después (La Comunidad del Anillo se publicó por primera vez en español en 1978) de qué se trataban esos “problemas” que parecían tener el resto de los miembros de la Comunidad.

La incógnita se resuelve rápido con ese primer capítulo, La Partida de Boromir, ni más ni menos que como todos ya sabemos. No lo diré, por si hay alguien leyendo estas líneas que aún tenga el privilegio de no saber lo ocurrido y esté dispuesto a disfrutar de la historia, pero es sin duda el segundo momento de mayor intensidad, aunque no comparable, con lo acontecido en el primer tomo en el puente de Khazad-Dûm. Si deja, eso es cierto, momentos de gran épica, separaciones cruciales para la historia y diálogos que quedarán para el recuerdo.

A través de Rohan por los pantanos y los prados donde crecen las hierbas largas, el Viento del Oeste se pasea y recorre los muros.

“¿Qué noticias del Oeste, oh viento errante, me traes esta noche?

¿Has visto a Boromir el Alto a la luz de la luna o las estrellas?”

“Lo vi cabalgar sobre siete ríos, sobre aguas anchas y grises;

lo vi caminar por tierras desiertas, y al fin desapareció

en las sombras del Norte, y no lo vi más desde entonces.”

El Viento del Norte pudo haber oído el cuerno del hijo de Denethor. Oh Boromir.

Desde los altos muros miro lejos en el Oeste,

pero no vienes de los desiertos donde no hay hombres 

Empiezan aquí las primeras grandes decisiones para Aragorn, Gimli y Legolas, tres valientes guerreros que tienen el papel de no dar la Comunidad por muerta y tratar, dentro de las dificultades, de dar con sus amigos. En este punto comienza una de las partes que más he disfrutado (y vuelto a disfrutar en esta segunda ronda) de toda la trilogía. El periplo tras el rastro de Merry y Pippin está planteado como una resolución de pistas por parte de los exploradores de manera que el lector siempre está en vilo.

A diferencia de lo que ocurre al ver las películas, que la acción está mucho más acelerada y las incógnitas se resuelven prácticamente al mismo tiempo, el lector no sabe de Merry y Pippin hasta bien avanzada la novela, por lo que el único punto de vista conocido es el de Aragorn, Gimli y Legolas. Su agotamiento intensificado por las artes de Saruman, sus dudas, su pérdida de esperanza hasta encontrar pequeñas pistas que les invitan al optimismo… Diré que en el filme de Peter Jackson toda esta situación está muy bien resuelta, pero gana bastantes enteros en el libro.

El encontronazo con Éomer y sus rohirrim es grandioso, con esa ayuda que les presta el desterrado al mismo tiempo que solicitita socorro a Aragorn, una vez reconocido como quien realmente es. Pero quizás el elemento más importante es la duda que genera la presencia de un mago blanco que como inocente lector asocias directamente a Saruman, pues al fin y al cabo se están adentrando en sus dominios. Sobra decir que aún recuerdo la alegría que sentí en su día al despejarse la duda.

Gandalf el blanco

Gandalf llegando a Minas Tirith con Pippin, del ilustrador John Howe

 

Pasarela de criaturas y personajes

Si por algo destaca Las Dos Torres es porque el universo de la Tierra Media gana en complejidad y profundidad. Se nos cuenta la historia de Isengard, que fue una fortaleza del reino de Gondor y hogar de Saruman antes y durante su traición. También se nos presentan criaturas nuevas como son los Uruk-hai, temibles seres, más fuertes e inteligentes que los orcos, y bajo el mando de Saruman se convierten en una de las amenazas más terribles para Rohan. Inmunes al miedo, la versión mejorada del malvado mago son los encargados de transportar a los secuestrados Merry y Pippin.

En este punto, y con esta diferencia entre razas orcas, Tolkien nos deja atisbar el punto de vista del enemigo, y lo hace con situaciones tan siniestras como jocosas: las discusiones entre los Uruk-Hai de la Mano Blanca y los orcos de Mordor. Los primeros, más disciplinados, tienen claro que han de respetar la integridad de los medianos. Los segundos, no tanto, y ahí empiezan unos enfrentamientos que serán claves para la supervivencia de Merry y Pippin.

Por otro lado, si hay unos seres que merecen una mención especial en esta reseña esos son los Ents. Posiblemente, unas de las criaturas más misteriosas y, por ello, atractivas de todo el universo de Tolkien. Sabemos de ellas gracias al célebre encontronazo entre Bárbol, señor del Bosque de Fangorn (por algo lleva su nombre) y los hobbits. Los capítulos dedicados a los Ents y su mundo son posiblemente los más bellos de toda la aventura. Son además el pilar de la filosofía que transmite Las Dos Torres: la naturaleza frente a la destrucción de la guerra. Es una constante en todo el libro, más que en las otras dos entregas, y lo vemos especialmente en los propios Ents. La traición de Saruman se identifica con la tala de árboles y el nulo respeto a la naturaleza; esta es además sinónimo de vida y representa los momentos de paz o esperanza para los protagonistas. Es un canto a la naturaleza de lo más bello, y una defensa de la fauna y la flora frente a la barbarie. Quizás, y solo quizás, porque cuando él se encontraba en la trinchera debió sentir lo mismo.

No quisiera cerrar este capítulo sin apuntar que los enanos están mucho mejor tratados en los libros que las películas. Lo vemos especialmente en el papel tan relevante que juega Gimli en la Batalla del Abismo de Helm (la cual recordaba más épica, se me hizo demasiado corto el capítulo). Ahora bien, la entrada del Mago Blanco es espectacular, y las Dos Torres ya empieza a dejar caer el poderosísimo ser en el que se ha convertido Gandalf, con quizás solo Galadriel a la altura. El capítulo ‘La Voz de Saruman’, resuelto de manera muy diferente en la adaptación de Jackson, es uno de los más importantes en este sentido.

No, una mano quemada es el mejor maestro. Luego cualquier advertencia sobre el fuego llega derecho al corazón.

– Gandalf (Capítulo ‘El Palantir’. Las dos torres)-

En defensa de Frodo

Frodo es sin duda uno de los personajes más importantes de toda la trama y, ahora que me he vuelto a leer las novelas y visto otra vez las películas, he de decir que flaco favor le han hecho las adaptaciones. No porque la interpretación de Elijah Wood fuese mala, que no lo es, sino porque el guion lo condenaba a una muestra de debilidad tras otra. Y si algo transmiten los libros es que Frodo, pese a todo lo que le ocurre, es el único tan fuerte como para soportar la carga del anillo. En Las Dos Torres lo vemos claro, y es que su periplo con Sam conforma toda la segunda parte del libro, lo que correspondería al Libro Cuarto. Vuelve a ser importante esta separación de tramas, porque cuando lees sobre Smeagol, Sam y Frodo acercándose cada vez más a Mordor, ya sabes que Saruman ha sido derrotado, pero otros peligros acechan.

En esta parte vuelve a quedar patente esa defensa de la naturaleza, pues una mayor proximidad a Mordor supone cada vez más ausencia de vida: tierras desérticas, pedregosas, secas, muertas, sin vegetación ni cantos de pájaros. Estas constantes descripciones enriquecen mucho la lectura, porque consiguen transmitir la angustia que deben sentir los personajes. Lo mismo ocurre con la infinita subida al paso de Cirith Ugol o la proximidad de Minas Morgul, hogar del Rey Brujo, señor de los Nazgûl. Sin duda, algunos de los grandes momentos de la trama.

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Minas Morgul representada por el ilustrador John Howe

Si por algo quiero destacar estas partes es por el hecho de que Frodo no demuestra esa continua debilidad que sí vemos en las películas. No lo hace, como tampoco es capaz de enfadarse y separarse de Sam, y quiero señalarlo para todo aquellos que hayan visto las películas y no hayan leído los libros. De hecho, Sam y Frodo entran juntos en los túneles de Ella-La Araña, y sufren juntos la trampa de Gollum. Es más, es el propio Gollum el que hace que Frodo sea alcanzado por la criatura de ocho patas, lo que provoca el mayor acto de heroicidad de Sam de toda la saga, que es su enfrentamiento, victoria y posterior rescate de su inseparable amigo. Esta dualidad, este canto a la amistad más pura y desinteresada es otro de los pilares en los que mayor énfasis hace Tolkien en esta parte del libro.

Naturaleza, vida y amistad frente a la barbarie, la traición y la muerte. Una batalla de valores que el escritor deja entrever en una novela que sirve para dejar claro que los malos van en serio y que los buenos no lo van a tener nada fácil. Si La Comunidad del Anillo servía de introducción a la Tierra Media, Las Dos Torres nos mete de lleno y muestra algunos de los momentos más impresionantes de toda la obra.

Continuará…

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