¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Blade Runner¿Aceptáis un consejo? Mirad, sobre ese amigo que acaba de ver Blade Runner  y ya se declara un auténtico entusiasta del trabajo de Philip K. Dick… Desconfiad. Que no os convenza. Decir que la película de Harrison Ford y la novelita que la inspira, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, tienen algo que ver; es como aquel chiste en el que un glotón se atiborra a bombones y luego sostiene que, dado que el chocolate es una planta, su festín cuenta como una sana ensalada.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? es hoy emblema del cyberpunk, no por concebir un clásico del cine que asumió del texto original su premisa y poco más, sino por méritos felizmente propios. En un nivel superficial, ambos narran la historia del cazador de bonificaciones Rick Deckard, quien debe ‘retirar’ a un grupo de androides Nexus-6 infiltrados en la población civil tras huir de la esclavitud en Marte.

Y aquí terminan los aspectos en común. El largometraje se centra en materias existencialistas como el sentido de la vida o la búsqueda del Creador de los replicantes, temas inexistentes en el texto, y aborda solo tangencialmente la dicotomía Hombre-Máquina. Dicha exploración, innecesaria tras el absurdo giro en el desenlace, termina por desvirtuar uno de los puntos fuertes del relato germinal.

Esta contraposición de naturalezas nos guía a lo largo de doscientas páginas en las que llegaremos a dudar de la cordura de nuestro héroe y de la moralidad de sus acciones; y evolucionaremos, como lectores, al mismo tiempo que el atormentado Deckard, como protagonista. Asimismo, sospecharemos también de la naturaleza de los personajes que le rodean: ¿Son humanos? ¿Son “andrillos”?

Philip K. Dick nos da la respuesta desde el poco sutil capítulo inicial: No importa. La clave en el enfrentamiento Hombre-Máquina no radica en que el primero sea cada vez menos humano y el segundo menos autómata, como defendía Blade Runner, sino en que la frontera para distinguirlos (discriminarlos) resida, precisamente, en la tecnología: desde el test Voight-Kampff, que determina la esencia del sujeto evaluando sus reacciones a estímulos y preguntas tipo, a los órganos de Ánimos Penfield, que programan sensaciones y estados de ánimo con simples códigos númericos, en un culto a la tecnología propio de un mundo cada vez menos futurista.

La reflexión distópica es, precisamente, el otro gran acierto de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Su sistema de gobierno valora el estatus social de los ciudadanos en función de los animales de granja que se pueden permitir, mascotas que en ocasiones son robóticas solo para guardar las apariencias ante el vecino. Todo se enmarca en un planeta devastado tras la Guerra Mundial Terminal, donde la vida orgánica es el valor más preciado.

Hay más. El culto al Mercerismo, un Gran Hermano símbolo de conciencia moral y religiosa al que se recurre en momentos de necesidad espiritual (como no podía ser de otra manera, a través de maquinales cajas de empatía), se enfrenta a la representativa figura del Amigo Buster, una especie de Pee-Wee Herman mediático con un escalofriante mensaje de fondo: en una sociedad del futuro alienada por la tecnología, la única oposición al poder consiste en un bufón televisivo.

Con un estilo directo, el autor consigue, sin recurrir a la técnica del protagonismo coral, una colección de perspectivas ecuánime desde la óptica de dos personajes; el claramente predominante Rick Deckard y el “cabeza de chorlito” John Isidore; paria social por su bajo cociente intelectual, en apariencia irrelevante para la trama y que muestra la misma empatía hacia un andrillo que hacia una criatura biológica, aunque esta última venga representada en la insignificancia de una araña.

Los fans de Blade Runner quedarán satisfechos. ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? rescata a sus personajes favoritos, plantea nuevas cuestiones… y no ofrece ninguna respuesta. No es un relato perfectamente acabado, pero aquel que lo concluya no será el mismo lector que lo empezó. ¿Es más humano? ¿Es más autómata? ¿Quién sabe? ¿Qué importa? Al final solo quedan preguntas, y eso es, después de todo, lo que uno puede pedirle, como mínimo, a la buena literatura.

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Notas

1. La Escuela de Filosofía de la Universidad ARCIS, ubicada en Santiago de Chile, comparte en su biblioteca virtual numerosos ejemplares clásicos de narrativa y ensayo. La edición digital base para esta reseña de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? puede descargarse gratuitamente.

2. Si queréis profundizar en un análisis más exhaustivo de las distopías en la literatura, podéis escuchar nuestros programas sobre 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, y Fahrenheit 451 de Ray Bradbury. Además, os invitamos a que conozcáis las ucronías de la mano de Philip Roth en La conjura contra América.

3. Las imágenes empleadas en este texto pueden utilizarse sin fines de lucro y reconociendo la autoría de sus creadores.

– Cartel de Blade Runner: Travelin’ Librarian via photopin cc

– Portada del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?: cdrummbks via photopin cc

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