‘1280 almas’ de Jim Thompson, un paso más de la novela negra

Para comprender la importancia de 1280 almas de Jim Thompson es necesario hacer una breve reseña historiográfica de la novela policíaca y de los subgéneros que han nacido a su sombra. Poe, Agatha Christie o Conan Doyle (pioneros de este tipo de narrativa) propusieron en sus escritos una serie de acertijos que se resolvían gracias a la perspicacia de un detective. Para ellos lo realmente importante era la construcción racional de un crimen y la posterior narración desestructurada que mantuviera en vilo al lector.images

Luego llegaron los norteamericanos Chandler y Hammett para dar la vuelta a la tortilla y desdibujar (al menos superficialmente) las líneas que separaban el bien y el mal en las acciones de los protagonistas. Con todo, detectives como Spade o Marlowe seguían teniendo carisma, galantería y un lado romántico con el que el lector podía confraternizar. Gracias a estos dos escritores se desarrolló poderosamente la novela negra, un género en el que ha diferencia de la novela policiaca el crimen quedaba en segundo plano y cobraba mucha más importancia el contexto social en el que se cometía el delito.

Jim Thompson dio un paso más en esta corta caminata y con 1280 almas marcó un hito en el género. El norteamericano despojó al protagonista de su novela de la legitimidad que, aún con reparos, mantenían los detectives o policías del género negro para fundir en la figura Nick Corey el concepto del sheriff y el de criminal. Es decir, en su obra ya no se puede hablar de “límites borrosos entre el bien y el mal”, sino que el lector se encuentra el grado absoluto de corrupción en la figura del protector-agresor.

Hay quien habla de esta novela como un exponente de la Hardboiled, pero la verdad es que esto poco importa, no son más que etiquetas y categorías que nos inventamos los críticos con la pretensión de encorsetar la genialidad y de agrandar la mediocridad. La mejor manera de definir 1280 novelas es como una Novela, sin epítetos redundantes ni superficiales. Se trata de un genial ejemplo de narración ficcional con un estilo crudo, un narrador detestable y un trasfondo complejo. La verdad es que podría seguir escribiendo un buen rato para hablar del argumento, de los personajes, del espacio o del escritor, pero si lo hiciera en el programa nos quedaríamos sin cosas que contar. Lo mejor que puedo hacer es callarme, dejaros leer el libro y 1 de marzo nos juntamos todos de nuevo para debatir. ¿Os apetece?

Ilustración de Jordi Bernet en la edición de la novela que hizo Libros del Zorro Rojo

Ilustración de Jordi Bernet en la edición de la novela que hizo Libros del Zorro Rojo

¡La revolución ha comenzado!

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