Belem

Volvemos a traer viñetas europeas con Belem, de Jean-Yves Delitte, una delicia para los amantes del género marino en el cómic. El prestigioso autor belga rinde un poderoso homenaje con esta serie de cuatro álbumes al Belem, uno de los barcos más asombrosos que hayan salido de los atracaderos galos. Delitte aprovecha una serie de peripecias históricas vividas por la tripulación para recrearlas en unos relatos que se leen solos, a ritmo de viento y marea gracias a Yermo Ediciones.

Portada

Hay algo de Belem, que recuerda a los recovecos portuarios por donde transitaba Corto Maltés, y es que la embarcación sería un asiento de lujo para que la creación de Hugo Pratt protagonizara cualquiera de sus aventuras. Pero estas no dejan de ser simples elucubraciones de quien les escribe, nada más. Lo cierto es que el ambiente de época de Belem desprende un amor, como pocas veces se ha visto, por el mar; una oda a los marineros y al goce de navegar. Por el trayecto nos encontraremos con los desafíos más duros: piratas, las inclemencias de la naturaleza, fuga de presos y erupciones volcánicas. Y para contar todo ello, Delitte no necesita diálogos meticulosos ni grandes personajes, tan solo la conexión entre las cuatro historias corales  y un sobresaliente apartado gráfico.

El Belem era un velero de tres palos construido a finales del siglo XIX y que hoy todavía está ahí, surcando los mares como un barco-escuela. Si quieren saber más sobre el Belem y la institución que lo gestiona visita, indaguen sobre la Fundación Belem. Las crónicas narran cómo el coloso marino salió de Saint-Nazaire en su primera travesía atlántica el 13 de julio de 1896, con destino Montevideo, Uruguay. Fecha en la que nacería la leyenda de una embarcación capaz de soportar incendios, tormentas y ataques de todo tipo.

Interior del cómic

El afán por dejar constancia de cada detalle es sorprendente. Velas, nudos, pequeños botes, brillos en el agua, el claroscuro de la nubes son plasmados al son de un pincel obsesionado por los paisajes y los gigantescos buques de antaño. Los personajes están allí, pero no importan demasiado y aunque quieran ser los protagonistas, el único que verdaderamente cumple ese papel es el majestuoso barco y el entorno marino. Uno puede suspenderse en las páginas, solo para contemplar, olvidándose de la narración. No obstante, esto no quita que se haya descuidado la composición de las páginas, sino todo lo contrario, donde el autor belga juega con todo tipo de tamaño y posición de viñetas. Casi 200 páginas de un viaje hacia otra época, trepidante, dramático, pero sobre todo nostálgico por un fragmento del tiempo donde los barcos eran los dueños del mundo. ¿Te lo vas a perder?

La edición de Belem es en tapa dura, tiene 192 páginas y, para suerte del lector, estamos ante un volumen autoconclusivo. ¿Quieren más cómic relacionado con el mar y las grandes construcciones navales? Recuerden que en La Milana Bonita ya hemos hablado de la adaptación del cuento de Jack LondonLobo de mar, de Riff Reb`s y de terror submarino con El resurgir (The Wake), de Scott Snyder y Sean Murphy.

¡A leer!

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